La espada cerró la puerta grande

maría conde PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

MONICA IRAGO

El Fandi fue el único torero que consiguió una oreja en la tercera de feria

12 ago 2012 . Actualizado a las 06:58 h.

Que nadie saliera ayer por la puerta grande de la plaza pontevedresa es noticia. Ni el propietario ni el gerente de la plaza recordaban algo así en la memoria reciente. Y eso que tanto El Fandi como incluso Paquirri tuvieron su oportunidad con los astados de El Cortijillo. Pero ambos fallaron al matar. El diestro granadino, con todo a su favor y el público rendido a sus pies antes incluso de que saliera al ruedo, tuvo que hacer tres intentos con el estoque en el último de la tarde, Gaitero, mientras que Francisco Rivera estropeó sendas buenas faenas con el acero. En su primer toro, Corneto, solo dio de pleno tras el aviso, descalzo y a la sexta estocada, mientras que en su segundo, también con el mismo nombre, necesitó hasta siete descabellos ante la pitada general.

Tanto Paquirri como El Cordobés, que pocas veces sufrió el azote del respetable como ayer, se fueron de vacío. Manuel Díaz luchó a medio gas con su primero, Ratito, y este solo dio instantes para alguna alegría. Pero con el cuarto de la tarde, la lió. Casi que despachó, y no precisamente a gusto, a Verdulero, entre la ira de los aficionados. Podría decirse que trabajó menos en la tercera de feria que los banderilleros de El Fandi y ni los músicos parecieron querer acompañarle. Todo eso después de otra bronca monumental cuando el picador le metió la puya al toro en medio de la plaza.

Pero en Pontevedra, si alguien puede decir eso de que la plaza es mía ese es David Fandila. El coso le adora y no se sabe si él o el público quedaron más decepcionados porque no saliese ayer a hombros.

Como siempre, se lució a las banderillas, dos de ellas colocadas al violín, y provocó el delirio. Pero también ofreció todo un recital con el capote, coronando el manual con largas cambiadas, chicuelinas y una media verónica al molinete. Y con la muleta, redondeó especialmente su primera faena, por la que consiguió la única oreja de una tarde que acabó gris. Gaitero le dio menos música, aunque tuvo sus momentos. La única fiesta en los tendidos la tuvieron las peñas.