Hace escasamente un mes, Támara consiguió junto a Sofía Toro y Ángela Pumariega clasificar a España para los Juegos de Londres en la clase Match Race. Sin embargo, ahora tendrán que ganarse la plaza para la cita olímpica en abril frente al otro equipo nacional de la modalidad, en el que navega la sanxenxina Lara Cacabelos, en un duelo fratricida que a cualquiera tendría en vilo.
Pese a todo, Támara transmite una tranquilidad impropia en alguien que se jugará en dos regatas el trabajo de toda una vida. Se siente afortunada de poder hacer cada día lo que siempre le ha apasionado. Ese es, para ella, el mayor premio, y cumplir el sueño olímpico solo sería la guinda a un pastel que ya ha endulzado toda su su vida.
Con solo 28 años, Támara está a punto de cumplir el cuarto de siglo navegando. Empezó con 5 años en los cursillos de la clase Optimist del Club Náutico de Aguete, al tiempo que probaba otros deportes. «Probé con el ballet, la gimnasia artística, el balonmano, el voleibol, el fútbol, la natación... Pero el único que realmente me llenaba y nunca quise abandonar fue la vela», recuerda. «Cambié cumpleaños, comuniones y el resto de fiestas por entrenar en el agua. De hecho conseguí que mis amigas y sus madres adaptasen sus fiestas a mi calendario deportivo», agrega.
Aprendiendo de los mejores
En un deporte en el que las chicas eran minoría, Támara tuvo que acostumbrarse a competir contra chicos mayores que ella. Lo que para los demás sería un hándicap, para esta optimista crónica fue un aprendizaje al que sacó mucho partido. «Desde pequeña tuve la oportunidad de entrenar con los mejores de Galicia, y gracias a ello subí muchísimo el nivel», reconoce.
Los éxitos internacionales no tardaron en llegar. A los 15 años consiguió el primero de sus tres títulos mundiales en la clase Vaurien, en la que también se adjudicó dos títulos europeos. El sueño de participar en unas Olimpiadas parecía cada vez más posible. La primera apuesta para estar en unos Juegos comenzó con Pekín 2008 en el horizonte, junto a la balear Marina Gallego en la clase 4,70. Se quedaron a las puertas, pero Támara ya tenía claro que lo volvería a intentar y, esta vez, para conseguirlo. «En abril de 2008 decidí formar un equipo de Match Race, y al año siguiente, la Federación Gallega de Vela y la Secretaría Xeral para o Deporte hicieron una apuesta por esta clase con Toni Otero como entrenador», recuerda.
El reto no era sencillo, pero el trabajo pronto dio sus frutos. «Empezamos hace 3 años desde cero. En el primer ránking eramos las 185º del mundo, y en solo un año ya éramos sextas», destaca. Pero para Támara, la explicación a esta evolución es muy sencilla. «Es cuestión de trabajo y dedicación. Si las demás tienen un nivel y le dedican 3 horas al día, tú tienes que dedicarle 7 para recortar distancias», afirma con naturalidad.
En el último año, Támara y su equipo han demostrado que ya no tienen que temer a nadie. El último escollo antes de Londres será la selección interna que realizará en abril la Federación Española de Vela, donde decidirán si será su equipo o el que dirige Sofía Roca el que represente a España. Pero, ni siquiera la posibilidad de perder el tren en el último minuto puede quebrar su confianza. «No va a ser una lucha entre españolas. Nosotras saldremos a ganar, porque estamos convencidas de que tenemos nivel para estar entre las 3 mejores del mundo. Si lo demostramos, estaremos en Londres», sentencia.
Cuando era una niña, Támara probó con infinidad de deportes, pero ninguno le enganchó como la vela. A los 5 años probó en la clase Optimist y desde entonces no ha vuelto a separarse de un barco.
Su equipo clasificó a España para los Juegos, pero ahora tendrán que jugarse la plaza frente al otro equipo español. Támara lo asume con naturalidad, y considera que los dos equipos lo merecen.
Su primer referente en la vela fue la medallista olímpica Theresa Zabell. Hoy se felicita de que muchos de los regatistas a los que admiró en su juventud se hayan convertido en grandes amigos.