El Sanxenxo cuenta en su plantilla con dos jugadores con el mismo nombre
02 feb 2012 . Actualizado a las 11:48 h.Aquel que no siga el día a día del Xuventú Sanxenxo y haya leído la crónica de su último partido frente al Alondras, se habrá preguntado: ¿Cómo puede ser que Diego Blanco haya jugado como titular y, a la vez, haya entrado al campo desde el banquillo en el segundo tiempo? Lo que a primera vista podría parecer un simple error del periodista de turno al transcribir el once inicial de los amarillos, es el resultado de una curiosa coincidencia con la que se ha encontrado el club al concretar el fichaje de su último refuerzo invernal: ahora Piscis cuenta con dos Diegos Blanco en su plantilla.
Diego Blanco Fontán (32 años) es toda una institución en el Sanxenxo. El delantero centro es el principal referente de un club al que llegó cuando tenía 20 años, procedente del Portonovo. Desde entonces, siempre ha defendido la misma camiseta, salvo un breve período de dos años que pasó en las filas del Dorrón debido a que el trabajo y sus estudios en horario nocturno no le permitían entrenar al máximo nivel. «A los 24 años volví al Sanxenxo y desde entonces he jugado aquí. Esta es mi casa», recuerda Diego, que compagina su faceta futbolística con su trabajo como delineante en el ayuntamiento sanxenxino.
El veterano jugador reconoce que conocía a su nuevo compañero antes de su fichaje, aunque más por la coincidencia de nombre que porque tuviesen una relación cercana. «Cuando nosotros entrenábamos en el campo de O Revel coincidíamos a menudo, pero la relación no iba más allá de saludarnos cuando nos cruzábamos», reconoce.
Por su parte, Diego Blanco Vidal (22 años) acaba de comenzar su andadura en las filas del Sanxenxo. Tras cuatro temporadas en el Vilalonga, el futbolista de Bora decidió cambiar de aires al no contar con la confianza de Gabi Leis. «Un mes y medio antes de abandonar el Vilalonga tuve un rifirrafe con el míster tras el partido frente al Alondras. Desde ese día, perdí mi sitio en el equipo, por lo que hablé con el club para buscar una salida». Así llegó la oferta del Sanxenxo, que confió en el interior derecho de Bora para reforzar la faceta ofensiva de un equipo que todavía deberá luchar hasta final de temporada para conseguir la hazaña de mantenerse en la máxima categoría del fútbol autonómico.
Cuestión de jerarquía
No es la primera vez que un deportista o un artista decide cambiarse el nombre a mitad de su carrera deportiva. En el recuerda quedan casos como el de boxeador Cassius Clay, que pasó a llamarse Muhammad Alí cuando se convirtió al Islam. Lo mismo hizo el músico Cat Stevens, que abandonó su antigua identidad para pasar a ser Yusuf Islam cuando abrazó el credo musulmán. Sin embargo, el cambio de nombre en este caso no es una elección, sino una necesidad.
Para el entrenador del Sanxenxo, esta situación no supone ningún inconveniente. «Le tendremos que buscar un mote al nuevo Diego Blanco, o alguna forma de diferenciarlos, pero sinceramente no es algo que me preocupe», reconoce Piscis, que como buen técnico, lo que realmente celebra es haber conseguido un refuerzo para su equipo.
Por su parte, el presidente del club lo tiene más claro. «Pues habrá que llamarle por el segundo apellido». A juzgar por las palabras del presidente, la cuestión parece zanjada: quien deberá cambiar su nombre artístico será el último en llegar, así que Diego Blanco, el ex del Vilalonga, pasa a ser desde ahora Diego Vidal. Cuestión de antigüedad y jerarquía.
La familia materna, orgullosa
Ahora el Diego Blanco centrocampista, el recién llegado, ya solo piensa en aportar el máximo rendimiento a su nuevo equipo, redoblando esfuerzos para conseguir que el nombre de Diego Vidal comience a sonar con fuerza en los corrillos del mundo del balompié. Al joven jugador de Bora no parece preocuparle demasiado mientras pueda disfrutar de minutos para demostrar todo el fútbol que lleva dentro.
La más beneficiada con esta situación es su familia materna. «Mi madre está muy contenta, me dice que al fin el apellido Vidal ocupará el lugar que se merece».