84 años, dos prótesis y 30 km al día

Cristina Barral Diéguez
cristina barral PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

A Manuel Rodríguez le apasiona andar y las zapatillas de deporte le duran un mes

29 ene 2012 . Actualizado a las 13:05 h.

Costó y mucho convencer a Manuel Rodríguez Fernández (Ponferrada, 1928) para que accediera a hacer este reportaje. Dos intentos, espaciados en el tiempo, fueron necesarios para lograr su consentimiento. Y es que para él tener 84 años, una prótesis en cada rodilla y andar entre 20 y 30 kilómetros al día no es nada extraordinario.

El punto de encuentro con este hombre es casi su segunda casa, la avenida de Ourense de Marín. Manuel llega puntual a la cita ataviado con un pantalón de chándal, una sudadera y sus inseparables zapatillas de deporte. «Estos tenis ya están rotos, un mes me duran», comenta. La conversación es seguida de cerca por personas que recorren el paseo del colesterol a esas horas de la tarde-noche. «Hola, señor Manuel» o «Adiós abuelo» son algunas de las frases que le dedican. «A algunos los conozco de cruzarme con ellos por aquí, a otros, de nada», aclara.

Este anciano empezó a hacer deporte de mayor, una vez jubilado como albañil. «Iba a correr, pero lo tuve que dejar por el desgaste de los huesos de las rodillas». La cosa empeoró y le tuvieron que operar las dos articulaciones para ponerle sendas prótesis. No recuerda cuándo empezó a andar, pero sí cuándo se intensificó su afición. Fue hace cuatro años cuando se murió su mujer. «Ahora ando más. Si estás en casa le das vueltas a la cabeza, los nervios se encogen y te oxidas. Así que ando y ando y así no engordo».

Y tanto que anda y anda. Para los conductores o ciclistas que circulan entre Pontevedra y Bueu es habitual encontrarse con Manuel. «En invierno suelo salir a las cinco de la tarde y estoy hasta las diez». Le gusta caminar solo y ligero. «Si vas con alguien o va más rápido o se queda atrás, así que me prefiero ir solo, aunque saludo a todos».

Nunca lleva música ni móvil. Tampoco agua o una barrita energética por si sufre una pájara. Sabe que por su edad no es lo más adecuado, pero no piensa cambiar sus rutinas. Antes de salir de su casa de Marín bebe ocho o nueve vasos de agua. «Cargo el depósito antes -apunta-. Un día me olvidé de beber y fui hasta Bueu. Me entró la sed y le pedí agua a una señora que estaba regando el jardín con una manguera».

¿Y no le da miedo encontrarse mal por el camino? Sonríe y se pregunta: «¿Para qué están las ambulancias?». Tampoco le preocupan los coches. «Cuando voy hasta Bueu llevo el chaleco para que me vean». En todos estos años que lleva caminando sufrió varios percances. El último hace solo unos días en Portocelo cuando la rama de un eucalipto le golpeó la cabeza. Pero Manuel siguió andando. «También me caí varias veces al tropezar porque no puedo levantar mucho los pies», relata.

«Buenas chupas»

Este hombre, que vivió veinte años en Barcelona antes de volver a la tierra de su mujer, sale a caminar de lunes a sábado. Suele descansar el domingo. ¿Y si llueve? «Si estoy en casa y está lloviendo no salgo. Pero si ya salí y empieza a llover no vuelvo. He cogido buenas chupas», recuerda. Manuel rememora una tarde de tormenta que lo pilló en Bueu. «Los coches me pitaban y me querían llevar. Les dije que tiraran, hasta que empezó a llover más fuerte y al final tuve que decir que sí».

Otra de sus rutas es el lago de Castiñeiras. Ahí, señala, no se cruza con nadie porque es más exigente. Manuel lamenta que la juventud sea tan sedentaria y subraya que quedarse en casa a ver la tele no es bueno. «Algunos jóvenes son demasiado vagos y los sillones había que tirarlos todos porque se sientan a ver a la tele y les sale la panza». Además de andar, otras de sus aficiones son el fútbol y las películas de vaqueros. Afirma que es del Atlético de Madrid, pero se está haciendo culé: «Me gusta mucho como juega el Barcelona y su entrenador».

Aunque toma cuatro pastillas al día, come de todo y dice que su corazón está «perfecto». Vive con unos familiares y se ducha todos los días en agua fría. Quizá sea el secreto. Vaya ejemplo.

«Si estás en casa le das vueltas a la cabeza, los nervios se encogen y te oxidas»

«Algunos jóvenes son demasiado vagos y los sillones había que tirarlos todos»