«La gente de Lalín es generosa y solidaria al máximo»

Lorena García Calvo
lorena garcía calvo LALÍN / LA VOZ

PONTEVEDRA

En los tiempos difíciles, la palabra solidaridad adquiere un cariz diferente, quizás más profundo, y si alguien entiende de ello es Rocío Díaz de Chandía, un ama de casa lalinense que bromea al decir que en realidad su profesión es «ser pedigüeña», puesto que lleva décadas implicada en diversas causas benéficas imposibles de poner en práctica sin la colaboración de instituciones y vecinos. Al preguntarle si Lalín, a donde llegó procedente de su Colombia natal, es solidario, no duda, «muchísimo, muchísimo; la gente de Lalín es generosa y solidaria al máximo», repite sin margen para la duda.

El paseo del río Pontiñas es el rincón favorito de Rocío Díaz. Le gusta pasearlo y disfrutar de su tranquilidad. Ni la humedad que en invierno rodea al paseo la asusta, aunque reconoce que con el buen tiempo el entorno adopta otro color.

A lo largo de los años han sido diversas las iniciativas solidarias en las que ha participado Rocío, aunque ahora dice que «solo» colabora con Cáritas y Manos Unidas. Asegura que la satisfacción de ayudar a los demás es una sensación difícil de expresar con palabras, y afronta expectante el futuro. La crisis ha hecho mella en todo, y las causas benéficas pueden resentirse. Hay más gente a la que ayudar y menos en disposición de hacerlo. «Cada vez es más difícil ir puerta por puerta a pedir colaboración, hoy me da dolor hacerlo porque no hay trabajo, y eso es horrible», reconoce.

Con la Navidad a la vuelta de la esquina, se multiplican las iniciativas solidarias, aunque Rocío es de las que no considera que el espíritu festivo se traduzca en más colaboración. «No sé si la gente es más solidaria en Navidad, no lo tengo nada claro».

Sus hijos abrieron la puerta

Aunque a Rocío la preocupación por los demás le viene de familia -cuenta que creció ayudando a su madre y su abuela a coser ropa para las misiones- fue durante la infancia de sus hijos cuando comenzó a involucrarse más en causas solidarias. «Cuando mis hijos eran pequeños recuerdo que no querían ir a catequesis, así que pensé que podía convertirme en catequista y arrastrarles». Ahí tomaron un nuevo rumbo las inquietudes de Díaz de Chandía. «Recuerdo que cuando llegaba la navidad había niños de familias con pocos recursos que no tenían ni un juguetito, ni una pequeña alegría». Decidió entonces, junto con los catequistas Ovidio y Antonio Riera poner su granito de arena. «Empezamos a pedir juguetes a la gente para llevárselo a los niños; había quién nos ayudaba a arreglarlos si tenían desperfectos». Fueron los cimientos de una iniciativa que continuó durante otros 18 años y que desde hace más de un lustro gestiona con éxito el Concello de Lalín en su campaña «Nengún neno sen xoguete de Reis».

Trabajo con recompensa

La memoria de Rocío está llena de pequeñas historias de las que echa mano para apoyar su tesis de la solidaridad lalinense. «Recuerdo hace muchos años, cuando hubo un terremoto en Irak, que conseguimos a través de Cáritas para Cruz Roja dos camiones de ropa, comida, zapatos,.», relata.

Cada año junto a sus compañero de Manos Unidas organiza la ya popular cena de espaguetis, con la que recaudan fondos, y «llevamos dos años con el banco de alimentos. Todo el mundo colabora. En octubre recogimos cuatro toneladas en dos días». Aunque Rocío dice que ya no tiene la energía de antaño, su vitalidad es incuestionable.

Rocío Díaz de Chandía

Ama de casa

Vino al mundo en Colombia, aunque lleva más de cuatro décadas en Lalín

El paseo de río Pontiñas es uno de los lugares más especiales para Rocío