Apoyar al empresario

José de Cabo

PONTEVEDRA

Recuerdo que por mayo del 2007, propuse la urgencia en acometer una remodelación parcial de nuestro negocio hotelero, cuya inversión era considerable. Me preguntaron entonces el porqué de la urgencia, y respondí que había dos razones: la primera, que había nubarrones en el horizonte mas que preocupantes que vaticinaban muy malos tiempos por lo que había que sacar ventaja y adelantarse a los acontecimientos, y una segunda, porque una empresa no puede competir solo con el precio, y una buena ubicación, sino que además, para estar dentro del mercado debíamos ofrecer mejor calidad en servicios. Aquella preocupación se ha plasmado y somos testigos de los peores momentos que atraviesa nuestra economía, siendo un espécimen raro el sector que pueda decir que atraviesa momentos dulces. El presidente de la CEOE, dio un mensaje: «O nos salvamos todos o nos hundimos todos». Para afrontar esta complicada travesía, los trabajadores que tiene plena conciencia de las dificultades de las empresas, y de los equilibrios de estas para mantenerse a flote, deben ser responsables mas que nunca en valorar las mas que posibles movilizaciones y centrarse en ayudar al empresario que al fin y al cabo quien mantiene el tejido productivo. Otra cosa son aquellos empresarios que aprovechando las circunstancias, explotan sin conciencia al activo mas importante de la empresa, que es el trabajador. Contra estas practicas, lo mas deseable es mejorar la eficacia de la inspección de trabajo, por el bien de la empresa, trabajadores, y de las exhaustas arcas de la seguridad social, que al fin al cabo, somos todos.