La crisis obliga a la argentina Andrea Rodríguez a volver a su país, a la espera de reunir dinero para poder llevarse con ella a su perra
19 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Llegó a tener ahorrados 1.300 euros, pero hoy regresa a su Buenos Aires natal con lo justo para el viaje. La historia de Andrea Rodríguez es la misma que desde los últimos años viven muchos inmigrantes que un día, como ella, se quedaron «en la madre patria» con la ilusión de un trabajo y un futuro, pero a los que la crisis, en su caso salpicada por otras muchas trabas, obliga a salir del país. La despedida tiene otro punto más de amargura. De momento, tiene que separarse de su perra Abby, por la imposibilidad de pagarle el pasaje. Ayer la dejó con todo su pesar en manos de la protectora de Cambados.
La entidad que dirige Olga Costa respondió a la llamada de Andrea, que pidió que la acogieran durante un tiempo sin darla en adopción, con la idea de reunir el dinero suficiente «para que podamos volver a estar juntas». «Al principio se iba a quedar con una amiga, pero no pudo ser, y la verdad es que estaba desesperada -cuenta-. Llamé a Vilagarcía y no tenían sitio, en Pontevedra no me cogieron. Di con Olga de milagro. Y conocí a un voluntario argentino, Sergio Moreyra, a su mujer Betty y a su hija Luciana, y el mismo día que me escucharon llorando por teléfono vinieron a ver a mi perra». Ellos, junto a otro amigo, Roberto Martínez, la han ayudado también con la mudanza en este triste regreso, para cuyo billete ha tenido que prestarle dinero su familia.
La perra, mezcla entre pastor alemán y belga, está a punto de cumplir dos años. «Vi un anuncio por Internet de que se regalaban cachorros. De aquella, me encontraba muy sola. Estaba interna en una casa en Benidorm y pregunté si podía tener el perro. Aceptaron y fui a buscarla. Era una bola de pelo del tamaño de un pomelo, ni sabía si era macho o hembra y le empecé llamando Atila. Cuando supe que era hembra, cambié a Abigail, Abby».
Desde entonces ha sido su fiel compañera «y yo le agradezco todo, porque si no fuera por ella a mi lado yo no estaría sana». Sus problemas empezaron ya casi a su llegada hace cinco años, cuando tras tramitar su NIE (Número de Identificación de Extranjeros) comprobó que había otra persona con el mismo dígito. «Me dijeron que no iba a haber problemas, pero en cuanto quise contratar una línea telefónica me contestaron que no podía por una deuda. ¿Cómo iba a tener deuda si acababa de llegar? He tenido que vivir estos años con un papel policial que aclara que yo soy la única responsable de ese NIE y no la otra persona». Las complicaciones se sucedieron «porque no puedes abrir cuentas bancarias, pedir créditos, nada... Investigan tu NIE y el banco no te abre cuenta porque ese número está a nombre de una persona con deuda». La situación también cercenó sus opciones laborales y, consecuentemente, complicaba la renovación de su tarjeta de residencia, que ha vuelto a tramitar. En fechas próximas, el contencioso del duplicado se dirimirá en un juicio y Andrea quiere destacar la colaboración que encontró en su amigo y abogado Antonio Calvar.
Un infierno
Los últimos meses han sido un infierno. Recibió una ayuda de alimentos del Club de Leones y desde el Concello le tramitaron otra, «aunque di con gente entrenada para remarcar que vienes de un país sudamericano y que regreses». «Cuando empiezo a sentir que la situación se me está yendo de las manos, comienzo a desesperarme, porque tengo que pagar el piso. Probablemente de esa ayuda a mí no me den nada, pero si sale bien, pagaré a la dueña». Le tocó «aprender a pedir, algo que me gusta haber aprendido». Y los que le han ayudado afirma que se los lleva «como diamantitos en el corazón». Ahora toca empezar de cero, en la casa de sus padres, «a mis 45 años».
No quiere oír hablar de la idea de que su mascota se quede en España. «Si el destino llegara a mostrarme que es imposible que fuera allá, ojalá que hubiera alguien que pudiera atenderla bien. Pero es muy remota esa posibilidad». Su último cartucho para conseguir dinero con el que saldar deudas será una venta de rifas para sortear unas chaquetas camperas argentinas que había traído en una ocasión. Lo hará a través de Roberto Martínez, integrante de El Rincón Criollo.
Ha derramado muchas lágrimas, pero se despidió del animal con optimismo. «Prefiero pensar que esto es un campamento de verano, que va a estar con sus amigos». En su mano se lleva la prueba de que volverán a reunirse. Su pulsera es el primer collar que tuvo Abby al cuello.
«Le agradezco todo, si no fuera por esta perra yo no estaría sana»
«Hay gente entrenada para remarcar que regreses a tu país»
«Me tocó aprender a pedir, algo que me gusta haber aprendido»