Según el Banco de España, a finales del pasado octubre la economía española se hallaba en situación de estado estacionario con tendencia a la recesión, añadimos nosotros. La contención en la demanda interior privada y los recortes en el gasto público reducen la producción y el paro ha alcanzado los 5 millones. Un millón y medio de familias tienen a todos sus miembros activos en paro y un millón de parados carecen de cualquier subsidio. Como consecuencia de ello, en los cuatro últimos años han aumentado las desigualdades sociales entre el 20 % de los españoles de menor renta y el 20 % de las rentas más altas, a niveles comparables con países como Rumanía o Lituania. La pobreza es cada vez más visible en nuestras calles, en los comedores sociales que han quintuplicado sus usuarios, como en el auge del mercado de bienes usados de todo tipo, incluida la compraventa de oro. Por sorprendente que parezca, un buen indicador de la pobreza, y de su globalización, es el precio del oro. Quien tiene dinero líquido lo invierte en oro. Por ello tan noble metal se está convirtiendo en el bien de refugio que sustituye al ladrillo de ayer mismo. ¿A la burbuja inmobiliaria sucederá la burbuja del oro? Parece que no. El oro es siempre fácilmente monetarizable. A medio y largo plazo su precio ha ido subiendo, con lentitud en etapas de bonanza y, de forma acelerada en plena crisis. Una vez que se recupere la economía real su precio volverá a estabilizarse. Solo es necesario que existan otras opciones para invertir y la demanda de oro se irá conteniendo y con ello su precio. A largo plazo, las cotas más altas del oro han acabado siendo superadas. En las etapas de expansión económica, el oro físico aumenta menos que la producción de bienes en general. Por tanto, reiteramos, su precio, aunque oscilante a corto plazo, tiende siempre al alza y a subidas más aceleradas cuanto mayor es la crisis y de forma mucho más moderada en etapas de crecimiento. Para otros el oro es fuente de sustanciosos negocios, quienes compran oro usado. En las esquinas de las calles, o en las aldeas más apartadas, lucen vistosos carteles : «Compro oro». En tal situación, un consejo: antes de acudir a cualquier comprador de oro, tasemos nuestras joyas en nuestro joyero de confianza o pidamos precio en, al menos, tres tiendas.