Resulta penoso que con la carencia que hay de plazas de guardería, en Pontevedra haya una construida desde hace casi un año que está cerrada porque Xunta y Concello están jugando un absurdo partido de culpabilidades. Un partido, todo hay que decirlo, en el que hasta ahora Santiago solo ha puesto palabras, especialmente en época electoral, y Pontevedra, los miles de euros que costó la obra. Los ciudadanos están cansados de un peloteo que ya aburre. Solo les interesa saber cuándo irán los niños a la guardería.