Nunca llueve a gusto de todos, aunque a todos haya gustado que lloviese en esta ocasión. Pero el problema para Pontevedra persiste al margen del refranero. Los niveles del río Lérez no son los óptimos para normalizar todos los aprovechamientos que se realizan de sus aguas.
Pero un nuevo temporal puede devolver la tranquilidad. Lino Naranjo explica desde MeteoGalicia que las Rías Baixas se enfrentan mañana a un nuevo episodio de inestabilidad similar al temporal que barrió la provincia el pasado domingo con fuertes vientos e intensas lluvias. «Fue un temporal de libro», explica el meteorólogo sobre las últimas horas, quien destaca además la gran cantidad de agua caída en el entorno de Pontevedra. Cuntis tuvo el récord de la ráfaga de viento más fuerte de Galicia, con 139 kilómetros por hora. Pero lo realmente destacable fueron los valores «muy intensos» de precipitaciones, por encima de los «treinta litros metro cuadrado en solo media hora», explica Lino Naranjo.
Ayer y hoy la situación atmosférica entra dentro de la categoría de posfrontal, con mucha inestabilidad. El ambiente húmedo contribuirá a la aportación de caudal. Pero mañana, miércoles, es cuando realmente se podría llegar a estabilizar el Lérez en valores normales. Hay riesgo de otro temporal. Si no impacta de lleno en Pontevedra sí lo hará cerca, con vientos y lluvias fuertes, incluso con tormentas. «Será un día desapacible, pero la mejora se notará con cierta rapidez».
En estas situaciones, la diversidad de precipitaciones pueden derivar en zonas con gran cantidad de agua caída y otras con muy poca. Per la lluvia, explica Naranjo, suele concentrarse en determinados puntos: zonas de valle y zonas altas. Esto favorece la aportación a los ríos.
¿Puede solucionar el problema las precipitaciones de dos episodios intensos? La ciudad consume cada año nueve hectómetros cúbicos de agua, lo que supone el equivalente a todo el agua que transporta el río Lérez en un mes como septiembre. Ence bombea al cabo del año algo más de doce hectómetros cúbicos del río hacia la factoría, lo mismo que transporta el Lérez en un todo un mes como julio en ausencia de sequía. La llegada de los temporales es solo un índice del cambio de ciclo. «Ha llegado el otoño», dice Lino Naranjo.
En condiciones normales, el otoño deja en el río Lérez más de noventa hectómetros cúbicos, del total de los setecientos que transporta al cabo del año. Diciembre, enero y febrero son otra cosa. El caudal se dispara hasta suponer más de la mitad del total anual, superando en solo tres meses los cuatrocientos hectómetros cúbicos.