El sistema de financiación publico-privado con el que está prevista la construcción del nuevo hospital de Pontevedra arroja grandes dudas. Ya las tuvo, o las mostró, la conselleira de Facenda, Marta Fernández Currás, a mediados de septiembre. Prefirió el gesto de encoger los hombros a responder directamente si aquellas obras aún por licitar, como el hospital pontevedrés, no se aparcarían ante la merma de fondos autonómicos.
Los tiempos en los que la voluntad política era suficiente para poner todas las demás piedras sobre la primera de una obra han pasado. La intención colisiona con la realidad económica. El modelo público-privado tiene además el problema añadido de que los bancos y aseguradoras que deben garantizar la financiación de la obra hasta que la infraestructura se entregue a la Xunta para su arrendamiento durante las décadas siguientes ya no se fían de que acabarán cobrando.