El Concello reabre la guerra del agua con artillería subterránea

Lars Christian Casares Berg
christian casares PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

09 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Cuando la economía estaba lejos de las turbulencias, remolinos y caídas en cascada de estos tiempos y el dinero fluía hacia las arcas públicas, se podían gastar ciento treinta mil euros en celebrar con una fiesta que el río Lérez estaba por fin limpio. Así eran las cosas antes de que el cauce de los acontecimientos enfangara la economía de todos. Las cosas han cambiado mucho desde el 29 de abril del 2006, cuando el alcalde Miguel Anxo Fernández Lores dio el pistoletazo de salida, con un chapuzón histórico en el río a unos festejos en torno al eslogan de Puro Lérez, que se celebraron con mejillonada, pinchadiscos y fuegos artificiales nocturnos incluidos. Las críticas de despilfarro de oposición y socios de gobierno se contestaron con el amago de programar un evento al año con idéntico presupuesto.

Dicen los analistas internacionales que las guerras del siglo XXI vendrán motivadas por el agua y las disputas fronterizas por su aprovechamiento. Pero Pontevedra parece haberse adelantado a los tiempos. Abrió ya el siglo pasado la guerra del agua con Marín y Sanxenxo a costa de las tarifas que se cobraba a aquellos municipios por la depuración y bombeo de líquido para su población. Por mucho que aquellos proyectiles tengan algún rédito político actual por la derivación política de Telmo Martin desde Sanxenxo hacia Pontevedra, la verdadera batalla política se libra en otro frente.

Limpieza en seco de la bandera

Al enemigo, ni agua. En Pontevedra, la sequía ha cargado de argumentos legales el aforismo. El BNG tiene todas las de la ley, gracias a la sequía, para sacudirle a Ence. La bandera de la marcha de la factoría se saca ahora después de un lavado que se ha hecho en seco gracias al agua que falta estos días en el Lérez.

Ence consume al año doce mil millones de litros bombeados directamente desde el río. La ciudad, nueve mil millones con el mismo origen. El tubo que transporta agua del Lérez desde la captación de Bora hacia la factoría tiene el diámetro suficiente para que una persona camine erguida por su interior. Pero la comunicación entre Ayuntamiento y empresa no tiene una línea tan directa ni amplia.

En la bandeja de entrada de un fax de las oficinas de Lourizán entró el viernes a mediodía una comunicación acerca del estado de emergencia en el que se encuentra el Lérez. Mientras el fax se imprimía, la concejala Carmen da Silva daba cuenta del problema ante los medios de comunicación. Y apenas una hora después, los técnicos municipales se encargaban de tomar una imagen de un aliviadero rebosante de agua que Ence toma para su producción, pero desecha por un ajuste no todo lo minucioso que debiera. La foto estaba cuarenta minutos más tarde en las redacciones de todos los periódicos de la ciudad.

Al enemigo, ni agua, ni información con el tiempo suficiente para maniobrar y no aparecer como el malo de la película de la sequía. En la fábrica de Lourizán la jugarreta municipal ha sentado especialmente mal. Un aviso oficial con unas horas de antelación habría permitido ajustar la captación y no aparecer como el glotón que se atiborra en plena hambruna.

Porque además, la ley le impide comer. El abastecimiento de la población tiene absoluta prioridad frente al uso industrial. Sobre el uso político del agua no hay nada escrito. Salvo, dicen los expertos, que desencadenará las guerras del siglo XXI. Pero de eso en Pontevedra ya se sabía desde el siglo pasado.