En los últimos meses, el Tribunal Supremo ha confirmado dos sentencias que tienen el común denominador de haber sido dictadas por la Audiencia de Pontevedra condenando a los acusados por violar o abusar sexualmente de sus hijastras. Los magistrados ratifican la valoración que sus homólogos pontevedreses realizaron en ambos casos.
De este modo, se confirman los trece años y ocho meses que en julio del año pasado se impusieron a un vecino de la ciudad del Lérez por agredir sexualmente a su hijastra durante siete largos años. Los abusos comenzaron cuando la niña tenía 8 años y no culminaron hasta que, ya con 15 años, lo denunció.
Castigos continuos
No lo hizo antes por el temor que la menor sentía ante las amenazas del pontevedrés de que haría daño a la madre y al hermano de la víctima: «Para mantener ese clima de temor, el acusado la tenía permanentemente castigada llegando en enero del 2006 a sujetar a la menor por el cuello con tal fuerza que no podía respirar, llegándole a causar lesiones en la cara».
Además, se contó con los informes psicológicos que apuntan en la dirección de que «las declaraciones de la menor contienen criterios propios de la realidad y que es muy probable que el contenido de la denuncia referido al abuso sea cierto». Además, reseñaron que «presenta un daño psíquico como consecuencia de los hechos».
En Mondariz
De igual modo, el Supremo ratifica la condena de doce años de cárcel impuestos a un portugués que forzó a su hijastra en Mondariz. Nueve años se correspondieron con un delito continuado de abusos sexuales con acceso carnal, mientras que los tres restantes se circunscribieron a un abuso sexual.
En su sentencia, la Audiencia destacó el testimonio que prestó la víctima, «tan coherente, con tanta riqueza de detalles y con una firmeza sostenida pese a sus esfuerzos para reprimir una fuerte afectación emotiva, que impresionó por su franqueza». El Supremo advierte que «no se atisba, por otra parte, que pudiera existir ningún móvil espurio para denunciar a su padrastro por unos hechos tan graves». Añade que, «después de soportar durante muchos años los abusos sexuales por parte de su padrastro, solo se decidió a denunciar cuando su novio la convenció».