Solo el 0,7% de los fallecidos en la ciudad lo hacen por senilidad
01 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Aunque para muchos pontevedreses el día de hoy parezca lo más cercano a la muerte, el registro de defunciones todavía no ha recogido nunca ningún fallecido por el manido síndrome posvacacional. Por ahora, la muerte más común siguen siendo consecuencia de una enfermedad.
Y es que apenas un 0,7% de los fallecidos en la capital de la provincia a lo largo de un año mueren de ancianos, lo que no quiere decir que las enfermedades se devoren la vida de los más jóvenes, pero a lo largo del 2009 (última estadística recogida) solo cinco personas tiene la senilidad como causa de su adiós. El Instituto Nacional de Estadística (INE) recoge estas defunciones dentro de las muertes no clasificadas en otra parte, pero la realidad es que aunque la edad sea una variable a considerar en muchas patologías, en el parte de defunción suele reflejar una patología y no solamente la vejez. Junto a la senilidad, aparecen otras 19 muertes más solo en la ciudad clasificadas como defunciones sin asistencia y causa desconocida de mortalidad.
Pero por desgracia el 31% de los fallecidos en Pontevedra son víctimas de cánceres, sobre todo de pulmón y de colón, aunque los tumores de mama y los calificados como mal definidos, secundarios o de sitios no especificados asumen la mayoría de las muertes por esta causa.
En el caso de los hombres, los tumores son la principal causa de defunción, mientras las mujeres modifican esta estadística y convierten las enfermedades del sistema circulatorio como la primera causa de muerte. El 27,5% de los fallecidos son por dolencias vinculadas al corazón y enfermedades cerebrovasculares y un 6% se reserva para trastornos mentales orgánicos, seniles o preseniles (también muy vinculados a la última etapa de la vida). Sin embargo y aunque septiembre dé la bienvenida a los meses más negros del calendario, las enfermedades no son la única causa de muerte entre los vecinos de la capital de la provincia.
El INE recoge en su última publicación que en la ciudad se registraron 26 causas externas de mortalidad, una especie de saco vacío en el que tienen cabida desde los accidentes de tráfico a las complicaciones de la atención médica o los suicidios. Solo en la ciudad, son más los fallecidos por ahogamiento, sumersión y sofocación accidental (8) que las muertes en carretera (5).
Dentro de esta misma clasificación, aparecen ocho suicidios y lesiones autoinfligidas y una muerte por homicidios. El rumor que apunta al invierno como la época más dura y donde más se agravan las enfermedades se confirma con las cifras en la mano. El sol parece relajar, pero sobre todo alejar el mal, pero el otoño y el invierno -este último con especial fuerza- eleva los fallecidos en la ciudad por encima del centenar cada mes. Diciembre, enero y febrero recogen la mitad de las desgracias, aunque el mes de agosto se queda muchas veces a las puertas de los cien. Ahora que arranca la época de los achaques, alejémonos de la estadística, porque yo, al menos, quiero morir de viejo.
reportaje ¿de qué nos morimos?