Padre e hijos participan en las procesiones de la cofradía de San José
10 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Cuenta Ramón López Ferro que debutó en los desfiles procesionales de la Semana Santa con 4 años. Su padre, ya desaparecido, era miembro de la Cofradía del Silencio, a la que apuntó a su hijo. Su primera procesión vestido de cofrade la hizo en medio de dos de sus primos «no mucho mayores que yo, que me llevaban de la mano». A partir de entonces, fue siempre en los desfiles «hasta que llegó una edad en la que no podía ir con el hábito de niño y nos vestían de dalmática, un traje parecido al de los sacerdotes». Ahí portaba el incensario, con 13 o 14 años, «y la verdad es que pasábamos un poco de vergüenza por la vestimenta, tan distinta... te daba un poco de corte que te vieran los amigos y dijeran, mira quien va, o que te saludaran».
En esa función estuvo unos años, como el resto de compañeros, «hasta que aumentas de talla y ya te pasan otra vez a filas, con el farol y ya con la cara cubierta».
Flores de cera
«Yo era fijo todos los años. Es más -recuerda-, ya cuando se acercaba las procesiones, empezábamos a vivir la Semana Santa. De hecho, íbamos al local donde se guardan las imágenes y los hábitos, a hacer las velas que llevaba nuestra imagen, la Virgen de las Angustias, que salía el Viernes Santo. Nosotros colaborábamos, por ejemplo, en la confección de las velas. Se compraban unos velones y se hacían unas pequeñas flores de cera que luego iban pegadas, y esas flores eran nuestro cometido. También ayudábamos en lo que podíamos, como limpiar los faroles y darles brillo, o en los ensayos de la banda, que por entonces era una mini banda porque más que nada eran tambores».
Pero transcurridos unos años «te vas cansando y hubo un período de 6 o 7 años en que no fui a ninguna procesión». Durante esa época tuvo la ocasión que disfrutarlas como espectador, «viendo la Semana Santa desde fuera, algo que no había hecho nunca».
Nueva agrupación
Pero volvió a formar parte de una cofradía, en este caso la del Amor Hermoso de San José, «mi parroquia», la de más reciente creación. «Volví de nuevo con mucha ilusión de ver como nacía desde el principio y por el planteamiento de la gente que la dirigía. Fue en el año 1997 cuando se fundó y un año después salimos por primera vez».
«Éramos poquitos -dice- con muy pocos medios y apenas teníamos velas para llevar en los laterales. El Gremio de Mareantes se portó muy bien con nosotros y nos dejó los hachones. Pero poco a poco fuimos creciendo».
Y tal como hiciera su padre con él, Ramón metió en la cofradía del Amor Hermoso a sus hijos. «Yago salió con 3 años en la procesión, a mi lado. Yo era el encargado de llevar el libro de los estatutos, flanqueado por mi hijo y por mi sobrino Álvaro, porque estamos toda la familia, también otro sobrino, Pedro, que suele participar en las procesiones».
Su hijo, Yago, dice que le gusta mucho ir en las procesiones, «y a mi hermano también». Cuando sea mayor, querría «formar parte de la banda».
El benjamín de la familia, viendo el ejemplo de su hermano, enseguida quiso participar en los desfiles, y empezó también a los tres años, pero con unos meses menos que Yago.
La cofradía sale acompañando a su imagen en las procesiones del Jueves y Viernes Santos y la del Domingo de Resurrección, creada por esa agrupación, que tiene un recorrido distinto, pues sale y se recoge en San José.
Además, portan a hombros la imagen de su Virgen, una iniciativa recuperada que empieza a ser seguida por otras cofradías. «Al principio la portaban miembros de Protección Civil, que son socios, pero luego, algunos cofrades quisieron hacerlo ellos, con lo cual mucha gente que iba en filas y en la banda, se restaron para poder llevar la imagen». Ramón reconoce que «se siente un orgullo especial al verla a hombros porque se recupera una tradición».
Ensayos
Explica que los cofrades que van en fila no ensayan, pero los porteadores sí. Lo hacen con la plataforma en la que va anclada la imagen y le ponen pesos para practicar el izado y la bajada.
Católico practicante, confiesa que el año pasado no pudo ir en las procesiones, por un problema de cervicales y tampoco puede asegurar que este año lo haga, «pues estoy con rehabilitación». Quienes sí estarán son sus hijos, que desfilarán con el grupo de niños de la cofradía.
El palo es Ramón López Ferro y las astillas sus dos hijos, Yago y Sergio López González.
Tienen 44, 10 y 7 años.
Ramón es funcionario en el Concello de Pontevedra y los niños estudian, respectivamente, cuarto y segundo de Primaria en el colegio Calasancio.