La mitad de sus dieciséis años los ha dedicado al ballet clásico, pero Javier Maquieira Pereira acaba de dar un paso definitivo, el que le permitirá en agosto cruzar el Atlántico para estudiar durante cinco semanas en la School of American Ballet de Nueva York, el centro de una de las compañías más prestigiosas de Estados Unidos. Este adolescente pontevedrés, que cursa primero de Bachillerato en el IES Valle-Inclán, es uno de los doscientos aspirantes que han sido seleccionados entre los dos mil que participaron en las audiciones que la escuela realizó en Buenos Aires, Madrid y París. Y uno de los alrededor de cincuenta que lo han logrado además con beca, 2.340 dólares que incluyen las clases y la matrícula. Después de esa estancia de semanas y viendo la progresión de los alumnos y sus condiciones, la compañía puede invitarles a permanecer en el centro durante el invierno. La prueba. Javier no se lo pensó dos veces cuando se le presentó la oportunidad. «Decidí presentarme a la prueba en las tres semanas anteriores -explica este adolescente-, cuando pusieron el anuncio en la academia. Como llevo mucho tiempo queriendo ir a Nueva York y como esta escuela es una de las más importantes del mundo, me dije, no pierdo nada». En la audición que realizó en Madrid, reconoce que muchos de los seleccionados fueron chicos. «La prueba es como una clase, primero en la barra y luego ejercicios de centro -señala-. Y después sacan fotografías para ver el físico y los movimientos».
Los chicos siguen siendo inmensa minoría en el mundo del ballet clásico, sobre todo a partir de edades como la que ahora tiene Javier. «Antes, cuando era pequeño e iba en Primaria, chocaba más cuando decía que hacía ballet -recuerda-. En la Secundaria era también algo raro... Pero ahora todo el mundo que conozco sabe lo que hago». En su caso, reconoce que cuando pisó por primera vez la academia Vaganova lo hizo con la intención de estudiar baile moderno. «Quería apuntarme y vine en septiembre con mi madre -indicó-. Y el profesor me dijo que las clases de moderno empezaban en octubre, pero que si quería empezar podía hacerlo con ballet clásico. Probé y me gustó tanto la elegancia de los movimientos, que además se llamaban en francés, que es un idioma que me gustaba desde pequeño, que al final seguí». Como él y su profesor, François Seys, reconocen, en la danza nadie regala nada, «hay que tener coraje y mucho aguante y realmente querer ser bailarín al cien por cien». «La gente dice que es un sacrificio, pero cuando algo te gusta no es un sacrificio, sí que es una profesión dura, pero si te gusta no lo es», dice Seys, que fue miembro del Ballet Nacional Clásico con Víctor Ullate y del Ballet Real de Wallonie (Bélgica) antes de afincarse en Pontevedra hace 22 años al frente de la citada escuela. Talento. El docente destaca en este sentido el talento que ha demostrado ya Javier, «porque en la danza clásica hay que tener algo, las cosas no salen solas; los movimientos que haces se estudian, no hay ninguno que no tenga nombre». Y aunque reconoce que el joven «sabe transmitir los movimientos», le advierte que «tiene que calmarse», a lo que asiente su pupilo. «Es que es un cambio muy fuerte, de estar en la calle, en el instituto y luego venir aquí -responde este-. La clase es como el templo del bailarín, es donde vas sacando tus progresos, y a veces parece que te intoxicas con lo de fuera». A pesar de que la que se le presenta en Nueva York es una oportunidad única, Javier todavía no tiene claro que su futuro profesional esté en la danza y piensa también en lo inmediato, sus estudios de Bachillerato. «No lo sé, esto es muy sacrificado y tienes que guardarte ese seguro de tener unos estudios, porque te puedes romper una pierna y ... -reconoce-. Ahora es difícil compaginar, porque tengo que compensar cada cosa. Y últimamente estoy faltando mucho a clase de baile, porque tengo exámenes». La comunicación, las relaciones públicas y los idiomas son dos campos que le tiran de cara al futuro. «Ahora estoy pensando, mientras sigo aquí». Incluso se pensaría quedarse el invierno en Nueva York si se lo ofrecen. «Es muy difícil...», afirma. «Sí, pero nada es imposible», añade Seys.
Otro artista pontevedrés, en este caso de adopción, el cantautor brasileño Gustavo Almedia, comenzó el nuevo año con actuaciones en tierras de Andalucía. Este mismo fin de semana dio sendos conciertos en las ciudades de Málaga y de Sevilla y el próximo tiene previsto cantar en Granada y en Córdoba. Entre medias, este jueves regresará a la ciudad de Lérez para actuar en el Café Platino de la Rúa do Rouco y el día 20 estará también en Ferrol. El artista afincado en Pontevedra acude con asiduidad a la Comunidad de Andalucía, donde el pasado mes de septiembre ganó el primer premio de la Muestra de Canción de Autor Torre del Reloj, en Aguilar de la Frontera (Córdoba), y del Festival en Marcha de Cádiz. Entre sus múltiples trabajos discográficos destacan Por si me escuchan... y ¡Cabaña!, este último coproducido por figuras de su pais natal como Ge Brandao y Marcelo Martins.