A Senra se sobrecogió con el choque entre Juanjo y Álex Cubas, que dejó a este último inconsciente

La Voz VILAGARCÍA/LA VOZ.

PONTEVEDRA

«O susto foi tremendo. A primeira impresión foi escalofriante». El entrenador del Ribadumia, Carducho, recordaba ayer la sensación generalizada que se vivió en la grada del campo de A Senra a 12 minutos del final del partido entre el Ribadumia y el Marín, en un lance del juego que acabaría eclipsando por completo el empate a 0 final. En la lucha por un balón dividido, Juanjo, el portero local, y Álex Cubas se lanzaron a ras de suelo a por el esférico, con tan mala suerte que ambos impactaron contra el pecho del otro. Una desafortunada acción que hizo temer al público y los equipos una de las habituales desgracias que jalonan en los últimos tiempos el balompié español, al ver a Álex Cubas inconsciente y con los ojos en blanco. Afortunadamente, todo quedó en un susto monumental. El guardameta acabó con contusiones en el costado izquierdo, y el marinense, que permaneció unos 45 segundos sin sentido, muy dolorido, con dos días de reposo absoluto por delante al sufrir una fuerte inflamación de la zona que protege las costillas. El propio Álex relataba ayer el suceso. En buena medida gracias a«lo que me contaron mis compañeros. Tengo la imagen de ir a un balón dividido, de no llegar pero no darme tiempo a frenar. La imagen y la sensación del golpe ya no los recuerdo. Al parecer se escuchó en todo el campo». A partir de ahí «tengo lagunas. Me contaron que en cuanto choqué me quedé tieso, con los ojos en blanco y que me estaba mordiendo la lengua. Luis, mi primo, fue el primero que se acercó a mí, y gritó pidiendo un médico. Janeiro me giró. Intentaron abrirme la boca, pero no lo consiguieron. La gente del Ribadumia encontró pronto a un médico -socio del club local-, que trabaja en urgencias del Hospital do Salnés. Me desperté gritando, en estado de shock. Al principio me ponía en lo peor. Pero el médico me tranquilizó. Me hizo unas preguntas y me dijo que al margen del golpe estaba bien. En la grada estaban mi tío y mis abuelos. Mi abuela nunca viene a verme, y fue la que peor lo pasó. Por eso, quiero ir a ver al médico en persona y darle las gracias». Tras descartársele algo grave en el Hospital do Salnés, donde le hicieron unas placas, acabó yendo por el dolor al centro de la mutua, el Hospital Domínguez, donde se topó con Juanjo. «Tuvimos mala suerte», dice Álex, que ya piensa en volver a jugar.