El «Cásting» de la vida

Leopoldo Centeno

PONTEVEDRA

La compañía gallega Lagarta Lagarta fue fundada en el año 2001 por Ernesto Chao, popular actor por su personaje de Miro Pereira de la serie Pratos combinados de TVG y por Rosa Álvarez, actriz y directora teatral, casada con Ernesto Chao; compañía con la que han cosechado muchos éxitos de crítica y público. Recientemente, la productora Lagarta Lagarta ha traído al Centro Social de Caixanova su montaje de Cásting (a comedia), del autor catalán Roger Justafré, adaptada y traducida por Roberto Salgueiro, bajo la dirección escénica de la propia Rosa Álvarez.

En la comedia Cásting intervienen cinco actores que dan vida a otros tantos personajes entrañables, simpáticos, activos, animosos, hasta con un cierto punto de trastorno mental, para representar una historia de humor, buenos deseos, humanidad... relacionada con el mundo del teatro, de forma que los espectadores vuelvan la mirada hacia su interior para pensar en su propia vida y verse, en muchos casos, en el espejo de lo representado, en los vaivenes con que la vida les ha zarandeado (pruebas, desprecios, humillaciones, barreras, contratiempos) y siempre con la óptica del buen humor.

Metáfora

La obra es una metáfora de la vida como teatro para que el espectador se identifique y se emocione. El sentido del humor no debe faltar, porque esto ayuda a vivir mejor. Por otro lado, un cásting es una prueba de selección para optar a un puesto de trabajo (teatro, cine, televisión, modelo, presentador, etc.), donde hay varios pretendientes y donde se trata de elegir a los más adecuados y este es el punto de partida de la comedia teatral.

La función comienza con los cinco actores sentados en sus sillas al fondo del escenario pendientes de la llamada del regidor para comenzar el cásting. Delante, dos escaleras en posición de subida y bajada, con un rellano en el centro. Al fondo una pantalla luminosa donde se lee: «Cásting público para musical. Búscase bailaríns-cantantes-actores entre 0 e 90 anos». Nombran al primer aspirante que corresponde al nº 161, Magda (Belén Constenla), sube hasta el rellano de la escalera y la hacen moverse e interpretar una canción: Escoge la francesa titulada No me puedo quejar (Non, je ne regrette rien) con música de Charles Dumont y letra de Michel Vaucaire. Pese a haber trabajado otrora con Federico Fellini, la actuación no parece convencer a los organizadores y la despachan con el consabido «Ya la llamaremos». Ella no parece estar muy de acuerdo. Llaman al siguiente participante, el nº 162, es Andrés (Ernesto Chao); se presenta con una farola, paraguas y sombrero; se mueve, gesticula e interpreta Cantando bajo la lluvia. Resultado y contestación, lo mismo. Estos dos actores tienen un aparte y se rebelan con la manida frase de «Ya le llamaremos». Quieren olvidarse de ello y entablan conversación. Y aquí empieza el nudo de esta cómica obra.

La puesta en escena estuvo dirigida con airosa mano por Rosa Álvarez que a su vez fue la diseñadora del vestuario, contando con el importante aporte del diseño de iluminación a cargo de Alfonso Parra. En cuanto a los actores, todos han desarrollado sus roles con desenvoltura y enorme profesionalidad y, sin desmerecer a los restantes, citemos a Ernesto Chao (a la vez responsable del diseño de escenografía y productor ejecutivo), el cual es un actor que en su comportamiento se identifica con la ingenuidad y aparte de su gracejo expresivo, tanto verbal como gesticular, por naturaleza tiende a la comedia, a hacer gracia y lo consigue sin esfuerzo, con una gran naturalidad, transmitiéndolo de forma creíble al espectador; sin menospreciar su vena dramática, demostrada en obras como Aeroplanos o As últimas lúas. Como nobleza obliga, destaquemos también a sus compañeros de reparto: María Bouzas (como actriz), Belén Constenla (Magda), Rocío González (Eva) y Alberto Rolán (Ben). Todos han deparado una simpática función teatral y han hecho pasar un buen rato al público con este Cásting de la vida.