Si ayer se mostraba confianza en ganar al Osasuna, la realidad resultó adversa. Aquella era la impresión que reinaba entre un sector de deportivistas, quienes no ocultaban una confianza que nacía por el ambiente creado en torno a este partido que, además, ofreció el número especial de una sesión extra de preparación mental para mejorar la moral de los hombres de Lotina, quien contó con la colaboración de un psicólogo, dato que aumentaría las esperanzas de ganar. Todo resultó baldío. De nada sirve decir que el mando del partido lo llevó siempre el Deportivo, frente a un Osasuna que se presentó con la ilusión de conseguir aquí el primer punto lejos de su campo, después de once partidos regresando sin un triste empate. Hasta que se llegó al final, el Osasuna no creyó firmemente en el éxito, sobre todo Camacho, a quien se le vino el mundo encima cuando el árbitro expulsó a Camuñas, uno de los hombres base de este Osasuna que tampoco ofrece garantías. La de ayer fue una gran decepción para los coruñeses.