Lotina tiene de qué preocuparse y de qué ocuparse. El fútbol de toque no apareció. No hubo calidad en el juego porque no hubo juego en Riazor. En contra de los deseos del técnico, su equipo no alternó el fútbol en corto y en largo; ni mostró un repertorio suficiente como para ser imprevisible ante el rival. No hubo creación y solo la seguridad atrás, unas veces; las paradas de Manu, otras; y la ineptitud de Marco Pérez, que despejó un balón en vez de empujarlo a gol, privaron al Zaragoza de una victoria que no habría sido injusta a pesar de que tampoco dio ninguna exhibición. Lo de ayer fue un toque de atención.
A pesar de todo ello, Lotina dijo que le gustó su equipo en el primer tiempo. Quizá porque el rival no movió el balón con la facilidad del primero. Pero tratándose de un encuentro en Riazor, las prestaciones ofensivas de los deportivistas en la primera mitad se limitaron a un zapatazo desde fuera de área. Adrián sigue fracasando y Riki tampoco hizo mucho más. Claro que sus compañeros poco hicieron por ellos durante los noventa minutos.