Alberto Lastres y un grupo de amigos pusieron a la capital en el mapa de este género musical con un festival que este año cumple la mayoría de edad
17 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Un verano de hace veinticuatro años Pontevedra recuperaba las proyecciones de cine al aire libre. La idea la habían tenido un grupo de chavales, estudiantes del Sánchez Cantón, que se habían constituido como la asociación Topo Films, unidos por su afición al séptimo arte. Y precisamente fue con un proyector de dieciséis milímetros prestado por el centro educativo como comenzaron a convertir en todavía más «evocadoras» las noches de julio y agosto en la praza do Teucro. Alberto Lastres era uno de esos jóvenes empeñados en retomar una tradición «que en aquel momento apenas se hacía en Galicia». Su éxito fue tal que todavía hoy se siguen realizando, aunque ahora bajo la organización del Ayuntamiento y en A Pedreira.
Topo Films todavía existe, aunque su actividad apenas se desarrolla ahora cara al público. Sus integrantes se dieron cuenta de que el cine era solo el primer paso. Y así fue como encaminaron su energía hacia otra de sus pasiones comunes, la música, y concretamente el jazz, «en la que veíamos que podíamos evolucionar más». El 3 de agosto de 1993, la praza do Teucro -«para mí el entorno ideal para cualquier actividad al aire libre»- fue también el escenario del primero de los conciertos del Festival de Jazz de Pontevedra, que ya apuntaba ambiciones con Ñaco Goñi y la Malcolm Blues Band. Lastres recuerda que desde el primer momento en que ofrecieron organizar este evento al Concello -que es el que lo financia- hubo respaldo «y siempre ha sido así, hemos tenido libertad absoluta; nunca han puesto una pega y es algo que tenemos que agradecerles».
En dieciocho años que cumple este 2010 el evento no solo se ha consolidado como la principal cita del jazz y blues en Galicia, sino que para Lastres, aunque reconoce que no es el más indicado para decirlo, «solo está un peldaño por debajo» de San Sebastián o Vitoria, las referencias nacionales. Para el coordinador, el primer salto se dio en el 95 con el concierto de Clarence Gatemouth Brown, una de las leyendas del blues de Nueva Orleans. «A ese concierto recuerdo que vinieron Siniestro Total, que eran unos admiradores absolutos de este hombre -indica-. A partir de ahí nos dimos cuenta de que podíamos traer, aún con limitaciones, a gente muy importante».
Conciertos
Desde entonces, han pasado artistas de la talla de Tete Montoliú, Nani García, Perico Sambeat, Maceo Parker, Dianne Reeves, Hook Herrera, John Scofield, Johnny Winter, Solomon Burke o Derek Trucks, solo por citar algunos. La única espinita que tiene clavada es la de Joshua Redman, «que se suspendió por la lluvia en el 2007 y no hemos podido traerlo de nuevo porque no volvió a hacer una gira». «Fue además el único concierto que hemos suspendido en todo este tiempo -señala-. Algunos se trasladaron al Principal o al Pazo, y en otros hubo suerte, como en el John Scofield, que paró lo justo para que se celebrase. Le cayó luego al telonero, que actuó después».
Hay otro dato incuestionable, y es el éxito de público de todas estas actuaciones. Y es que Lastres es de la opinión de que el jazz no es un género minoritario. «A la gente que le gusta la música le gusta cualquier tipo de música -afirma-. Evidentemente, se venden menos discos de jazz que de pop, pero nuestros conciertos siempre han sido un éxito. Pontevedra es una ciudad de jazz, está clarísimo. No hay más que ver el Seminario Permanente. Y nuestra experiencia es que nuestros conciertos siempre han sido un éxito. Hay gente que sabe muchísimo y la ciudad está muy identificada con esta música». Entre ellos, el propio director del festival, José Antonio Ortiz, «un fan absoluto con un criterio indiscutible, como se ha demostrado», ya que él es el encargado de realizar la selección de los artistas.
Para ellos Lastres solo tiene alabanzas por la huella que han dejado en la ciudad. «Son gente que no tiene especial querencia por dar conciertos en campos de fútbol -explica-. Les gustan ambientes íntimos. Y de hecho, si algo decían absolutamente todos desde el principio es que la ciudad les encantaba y que la praza do Teucro era lo más para tocar música cercana al público, con una acústica espectacular». E igual ocurre ahora con A Ferrería: «Llegan y dicen que pocas veces han tocado en un lugar que imponga tanto».
Lastres y sus compañeros suelen decir que trabajan en el festival con tranquilidad, «para las dos próximas ediciones». «Hay mucha gente que nos queda por traer, pero afortunadamente, hay muchísima gente a la que tarde o temprano acabaremos trayendo», advierte. Su sueño personal es que uno de ellos sea B. B. King, su ídolo. «Quién sabe, ojalá pudiéramos...».