Las aficiones pusieron la nota de color

Xabi Otero PONTEVEDRA/LA VOZ.

PONTEVEDRA

Pasarón lució sus mejores galas y dejó una estampa para el recuerdo. El santuario granate se pareció más que nunca a un estadio de la Premier League con dos hinchadas entregadas

16 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Pasarón vivió una tarde de gloria después de dos años de amargura. Las entradas estaban agotadas desde el viernes y eso dejaba claro que el viejo campo de O Burgo mostraría una estampa de Primera División. Sin embargo, la imagen fue más impactante de lo que se esperaba y eso quedó patente con el comentario de un aficionado en cuanto se acercó a las escaleras de la grada de Tribuna para buscar asiento.

«¡Hostiá, como está el estadio!. No coge un alfiler», espetó en voz alta mientras se acariciaba la cabeza con una mano. Su reacción no fue exagerada. Todo lo contrario. La mezcla de granate y azul intenso que lucía la grada de Preferencia era la fotografía más bella de un estadio que recordó a los de la Premier League inglesa.

Los cánticos de ambas aficiones y el rugido que se producía cada vez que atacaba uno y otro equipo puso los pelos de punta durante los primeros minutos del encuentro. El tanto de Ibán Espadas coincidió con la mayor expresión de júbilo colectivo que se recordaba en Pasarón, solo comparable a los tres tantos que el equipo le marcó al Lorca en junio del 2004, que supusieron el último ascenso a Segunda hasta la fecha.

Las camisetas azulonas parecieron languidecer y el color granate cobró toda la intensidad. La parte alta de Preferencia se quedó helada y sus aficionados desaparecieron durante minutos mientras los pontevedreses se frotaban los ojos ante el alubión de juego ofensivo y llegadas de peligro de sus ídolos.

El Real Oviedo estaba tan tocado como sus incondicionales y no dio muestras de reacción hasta el minuto 19. El disparo desviado del ex granate Manu Busto desde la frontal despertó de su letargo a los hinchas carbayones que pasaron de la angustia del 1-0 a los botes con el fallo de Orlando Quintana que favoreció la llegada del empate.

La alegría iba por barrios y volvió a cambiar de lado instantes después gracias al golazo de Igor. Las más de 9.000 gargantas granates gritaron al unísono y pusieron a prueba la estabilidad de las nuevas vallas de protección de la grada de Preferencia. Los ovetenses asistieron impotentes a los abrazos, saltos, besos y demás muestras de alegría de sus contrincantes. Los lerezanos salieron airosos de la primera gran batalla de la grada. Ahora tendrán que echar el resto en el Carlos Tartiere.