Lo dijeron a su llegada a la ciudad de Pontevedra durante el primer día de búsqueda: «Si el arma está ahí, seguro que la encontramos». Se trataba de los siete agentes del Grupo Especial de Operaciones (GEO) desplazados desde Guadalajara para tratar de localizar el arma utilizada en el tiroteo de la discoteca Río Latino el domingo 11 de abril. Durante la madrugada, Rolando Quintero, un colombiano de 22 años de edad, entró en el local, y sin mediar palabra, supuestamente, abrió fuego contra Andrés Felipe D.G., un compatriota suyo de 36 años. Doce horas más tarde, el presunto pistolero fue detenido en su domicilio de la calle Cruz Roja. En los tres días que estuvo en los calabozos de la Comisaría, Quintero confesó ser el autor del disparó que dejó al borde de la muerte a la víctima.
Allí también relató que tras perpetrar el suceso, fue a su casa, se cambió de ropa y más tarde arrojó las prendas de vestir ensangrentadas en un contenedor de basura. Luego se dirigió a orillas del río Lérez, a la altura de la antigua facultad de Magisterio, y lanzó el arma al agua. Por ese motivo, los buzos del GEO peinaron los fondos del cauce del Lérez en su tramo urbano, pero no lograron encontrar la pistola. «Los geos aseguran que el arma no está ahí, ya que incluso ampliaron la zona de búsqueda», apuntaron fuentes de la Policía Nacional de Policía. Precisaron que es posible que Quintero arrojara el arma en otro lugar del río, «o que no esté ni en el Lérez».
Mientras tanto, al cierre de esta edición, el herido seguía luchando por su vida en la uci del Xeral Cíes.