Teruel, la última carga a caballo en España


La batalla de Teruel, en plena Guerra Civil, no solo significó un antes y un después en la contienda, sino que se considera que en ella se produjo la última carga de caballería de un ejército español. Apenas duró media hora.

El ejército nacional alineó a dos brigadas de caballería en las afueras de Argente. Casi dos mil hombres sobre sus monturas, mientras otro millar de militares a caballo aguardaban en la reserva.

Corría el 6 de febrero de 1938. La aviación fue la encargada de abrir el camino que debía seguir la caballería atacando desde el aire con ráfagas de ametralladora sobre las trincheras republicanas. Las bombas hacían el resto.

Tras estos ataques, se produjo una escena más propia de siglos pasados. Sobre un terreno plano y bajo un día claro, dos mil caballos comenzaron a galopar hacia el frente republicano con sus jinetes esgrimiendo sus sables de casi un metro de largo.

Tal y como habían previsto el capitán Fernando Sandoval la visión de los dos mil militares a caballo aturdió de tal manera a los republicanos, que, según los historiadores consultados, no llegaron a efectuar ni un solo disparo de artillería. Y eso que disponían de suficiente potencia de fuego como para hacer una verdadera carnicería con los equinos.

Tres bajas por caídas

Fue todo muy rápido, más incluso que lo previsto por el bando nacional. En el blog de Catt69 se refiere que, de hecho, «sus cocinas de campaña [la de los republicanos] fueron capturadas intactas con la comida del mediodía preparada. Las bajas nacionales sumaron solo tres hombres que cayeron de los caballos».

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