Las obras de acondicionamiento de la pista de piragüismo unidas a los temporales de lluvia provocaron en el marzo de 2006 el robosamiento de la presa de Verducido
07 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El embalse de O Pontillón de Castro se encuentra prácticamente al 100% de su capacidad y desde hace más de un mes se mantienen abiertas las compuertas de manera casi continua para desaguar y rebajar el nivel. El Concello también está utilizando en mayor medida, si cabe, el agua almacenada en esta presa para abastecer a la ciudad y no desperdiciarla por los aliviaderos. Con ello consigue además un importante ahorro energético ya que baja por gravedad hasta la planta potabilizadora y resulta más rentable que la captación por impulsión del agua del río Lérez, la otra fuente de suministro.
Las copiosas e intensas lluvias de este crudo invierno, que tuvieron su punto más álgido con el paso del Xynthia el pasado 27 de febrero, han colmado casi todos los embalses gallegos, no solo el de O Pontillón. De ahí que la Confederación Hidrográfica del Miño y Augas de Galicia diera instrucciones a las empresas y a los ayuntamientos que los gestionan sobre la necesidad de adoptar ya desde el otoño medidas preventivas para aliviar los pantanos y evitar desbordamientos. La situación está, por tanto, controlada.
En esta ciudad todavía se recuerda el desbordamiento del embalse de Pontillón de Castro que anegó parte de la parroquia de Verducido hace ahora dos años, aunque la causas de aquella inundación fueron diversas y acabaron achacándola, fundamentalmente, a las obras de reforma que entonces se estaban haciendo en el pantano para la construcción de la pista de piragüismo.
Las crónicas de entonces reflejaron la coincidencia de las intensísimas lluvias que habían caído en las horas previas, casi 70 litros por metro cuadrado, y fue sobre las seis de la mañana de aquel 23 de marzo del 2006 cuando varios vecinos de la citada parroquia se dieron cuenta de lo que se les venía encima.
En aquella ocasión el Pontillón también estaba al máximo de capacidad y, al parecer, no se habían abierto las compuertas para desaguar. Pero, en todo caso, desde el Concello y desde la propia Xunta, responsable de las obras, apuntaron desde el primer momento la incidencia de estas en lo que estaba ocurriendo. El rebosadero de la presa había quedado a un nivel más alto que el punto por donde comenzó a desbordar y el sistema de alivio normal de la presa no llegó a entrar en funcionamiento, vaciando el agua hacia el valle de Verducido.
Los operarios de Aquagest, empresa concesionaria del servicios municipal de suministro de agua de Pontevedra, tuvieron que emplearse a fondo para evitar daños mayores de los que se registraron. Instalaron enormes sacos de arena de mil kilos y una barrera de zahorra para impedir que el agua llegara a las viviendas próximas. Sin embargo, algunas casas y decenas de fincas ya se habían visto afectadas por la «riada» que bajaba de O Pontillón.
Advertencia
Los vecinos se quejaron de que sus llamadas, alertando de la situación, no tuvieron una pronta respuesta por parte de las instituciones y los servicios de emergencia y aseguraron que lo ocurrido «se veía venir» y casi lo habían predicho.
Cinco meses antes, en noviembre del 2005, ya se había producido un amago de desbordamiento del embalse, coincidiendo también con un temporal de lluvias y, supuestamente, como consecuencia de las obras de ampliación para su utilización como pista de piragüismo. El que entonces dio la voz de alarma fue el ex alcalde y en aquel momento concejal, José Rivas Fontán, vecino de Verducido. El edil había requirido una inspección técnica de los trabajos que se estaban ejecutando, convencido de que el problema se debía al rebaje efectuado en una zona del embalse y de que habría que reforzar el borde.
El desbordamiento de O Pontillón del 2006 acabaría desatando una fuerte polémica política sobre las responsabilidades de las Administración implicadas, Concello y Xunta, con ataques cruzados. El asunto acabaría siendo debatido en el Parlamento Gallego a partir de sendas interpelaciones presentadas por el PSOE y por el PP para exigir explicaciones. Y el alcalde, Fernández Lores, zanjaría el conflicto diciendo que «non foi o tsunami» y exculpando al Ayuntamiento, mientras la Consellería de Cultura y Deportes asumía las reparaciones y daños.