Conoció a un grovense en su Inglaterra natal, que había ido a perfeccionar el idioma, se casó con él y se vino a vivir a O Grove. Esto ocurrió hace 35 años, y ya no se marchó. Hizo un curso de masajista en A Coruña y aquello le sirvió de carta de presentación para empezar a trabajar en el balneario del Gran Hotel de A Toxa. Llegó por la puerta pidiendo empleo y el director, don César, enseguida la llamó. Desde entonces trabajó como masajista y, en los últimos años, asumió la labor de coordinadora de tratamientos. Desde hace un par de semanas disfruta de la prejubilación. -¿Cómo se siente? -Me voy con muy buen sabor de boca. Siempre me gustó mi trabajo y he sido muy feliz. -Y ahora a disfrutar... -Sí, desde luego no voy a estar en el sofá. Voy a la piscina, me gusta leer, dar caminatas y tomar café con las amigas... -¿De dónde se siente después de media vida en O Grove? -Me siento más de aquí que de allá. Al principio cuesta pero ahora me siento muy grovense. Y me quedo por aquí, no me voy. -Hoy quien más quien menos se da un masaje, pero antes era cosa de élites ¿no? -Sí cuando yo empecé en este trabajo la clientela era más elitista. Era toda de mucho dinero y de alta alcurnia, aunque cuando se quemó el balneario empezó a venir otro tipo de gente.