Un juzgado investiga a un supuesto delincuente estonio que se habría hecho con las claves bancarias confidenciales de un pontevedrés para sustraerle casi seis mil euros
11 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Comparte apodo con el conocido imputado de la trama Gürtel, así como una aparente afición por el dinero fácil. Hasta aquí las similitudes, ya que mientras El Bigotes, alias que identifica a Álvaro Pérez Alonso, es español y está imputado por presuntos delitos de blanqueo de capitales, defraudación fiscal y tráfico de influencias, El Bigotes investigado por un juzgado pontevedrés utiliza un pasaporte estonio -algunas fuentes llegan a afirmar que es un jubilado- y, en principio, recae sobre él una acusación por estafa informática.
De este modo, mientras el primero gustaba de operar en el mundo real, el segundo tiraba más por lo virtual.
Este segundo El Bigotes fue arrestado en el marco de la operación Tallin, actuación que llevó a cabo la Guardia Civil en Elche en octubre del 2007 y que posibilitó la detención de tres estonios de 69 y 71 años «autores de los delitos de asociación ilícita, falsificación documental y varios contra el patrimonio».
Tirando del hilo se pudo determinar que uno de estos supuestos ciberdelincuentes podría estar detrás de la estafa que había sufrido un mes antes un pontevedrés. El denunciante disponía de una cuenta bancaria de una entidad que opera a través de Internet, de la que, en tres ocasiones, se realizaron tres operaciones sin su conocimiento.
De este modo, el 17 de septiembre volaron cinco mil euros como reembolso de un fondo de inversión, mientras que veinticuatro horas después se realizaron sendas transferencias de 3.900 y 930 euros a una cuenta a nombre de uno de los tres detenidos en la operación Tallin. De hecho, los investigadores sospechan que el estonio tenía abierta su cuenta con un alias con el objetivo de difuminar las posibles pistas.
El «phising»
Lo poco que ha trascendido de este caso es que El Bigotes estonio se habría valido del phising para consumar la supuesta estafa. Bajo esta denominación se conoce el timo por el que el delincuente, según lo que refiere la Wikipedia, «se hace pasar por una persona o empresa de confianza en una aparente comunicación oficial electrónica, por lo común un correo electrónico o algún sistema de mensajería instantánea o, incluso, utilizando también llamadas telefónicas» para lograr una serie de datos bancarios confidencias o de las tarjetas de crédito de la víctima.
En este caso concreto, la Justicia apunta en la dirección de que el estonio, «a través de artificios informáticos desconocidos», pudo haber conseguido «las claves secretas» del denunciante para, acto seguido, llevar a cabo «tres disposiciones patrimoniales inconsentidas».