Ros Marbá, terciopelo del sonido

Leopoldo Centeno

PONTEVEDRA

Cinco días después del concierto ofrecido por la Orquesta Sinfónica de Galicia dirigida por Víctor Pablo Pérez, el Centro Social Caixanova ha acogido un nuevo concierto, patrocinado por dicha entidad, a cargo de la otra singular orquesta gallega, la Real Filharmonía de Galicia (RFG), bajo la dirección de su titular: Antoni Ros Marbá.

La primera obra que figuró en los atriles fue Saturnal, una meditación melancólica para orquesta, escrita en 1996 por el malogrado compositor coruñés Manuel Balboa. Se trata de una breve página, de corte moderno, cuya interpretación duró tan solo 5'15", la cual fue muy aplaudida por el público, sirviendo de aperitivo al grueso del programa.

De Arnold Schönberg, padre de la Escuela de Viena de música de vanguardia y de la que tuvo como continuadores a sus discípulos Anton Webern y Alban Berg, la RFG ofreció la Noche transfigurada, Op. 4: Obra escrita en 1899 para sexteto de cuerda y posteriormente adaptada por el propio compositor para orquesta de cuerda realizada en 1917 y revisada en 1943. Los intérpretes del estreno para sexteto tienen relación con Pontevedra, dado que estos fueron el Cuarteto de Cuerda Rosé de Viena ampliado con Franz Jelinek (viola) y Franz Schmidt (chelo), siendo los componentes del Cuarteto Rosé los que inauguraron la Sociedad Filarmónica pontevedresa en 1921. La Noche transfigurada está inspirada en un poema dramático de Richard Dehmel y de la que el propio Schönberg dijo: «La obra no ilustra ni la acción ni el drama, sino que se ciñe a la pintura y descripción de los sentimientos humanos. Yo creo que, debido a esto, puede ser apreciada como música pura».

El maestro Ros Marbá al frente de la RFG ha ofrecido una lectura pausada de los cinco movimientos lentos de que está constituida, destacando el gran lirismo, tensión y dinámica, así como el perfecto equilibrio sonoro de todas las secciones de cuerda en esta obra de original arquitectura armónica con reminiscencias wagnerianas. Asimismo, digna de mención han sido las importantes aportaciones como solista del violinista concertino, James Dahlgren. Espléndida la sonoridad general. Minuto y medio de intensos aplausos rubricaron su interpretación.

La segunda parte estuvo integrada por la Sinfonía nº 41 en Do Mayor (Júpiter), de W. A. Mozart, que a la postre resultó lo mejor del concierto; partitura que Ros Marbá dominó a la perfección, a tal punto que la dirigió de memoria, imprimiéndole soltura y dinamismo. El Allegro vivace inicial fue desenvuelto con desbordante alegría, aire desenfado y vitalidad, destacando con claridad el contrapunto del encaje polifónico. En el segundo movimiento (Andante cantabile) los chelos cantaron sumamente ligados y expresivos y con infinita dulzura los violines; la masa sonora, perfectamente equilibrada. El Minueto, en la misma línea que el movimiento anterior, derrochando elegancia. El Molto allegro final, fue desarrollado con aire de jovialidad, destacando sensiblemente los temas fugados y la interesante coda, con marcados pasajes en contrapunto, transmitiendo vibración a los pentagramas. La interpretación de la sinfonía alcanzó niveles de excelencia.

El maestro Ros Marbá, en ocasiones adoptó posturas poco ortodoxas y una gesticulación un tanto amanerada, pero ello no fue óbice para que consiguiese de sus músicos el resultado apetecido, incluida una espléndida sonoridad. Resultado: Interpretación plena de lirismo, brillantez, luminosidad y, sobre todo, un acariciador sonido aterciopelado que cautivó a los espectadores. Pese a los 73 minutos que duró la interpretación musical de todo el concierto, la cicatería para con el público de Pontevedra a fin de ofrecer una página fuera de programa, ha sido proverbial. No siempre procede; sin embargo, en la presente ocasión era aconsejable. El no hacerlo, empequeñece su magnífica labor artística, enfriando el éxito que tanto él como la orquesta son acreedores. Lamentable.