El Celta lo hizo todo para ganar, menos conseguir un gol legal. Jugó a su mejor nivel en Balaídos, ninguneó al aspirante Rayo quitándole el balón y creo ocasiones suficientes para imponerse con holgura. Pero el primer triunfo del curso como local tendrá que seguir esperando. Faltó de nuevo puntería y el conjunto vallecano salió indemne de milagro. Eso sí, fue el primero que esta temporada no consiguió marcarle a los celestes.
La amenaza de Eusebio en su tubo de ensayo de A Madroa se cumplió. Había probado con Joselu y Danilo, y rebosante de confianza institucional dio un paso más en su particular alambre del riesgo. Frente a un cualificado grupo de peloteros -al menos eso decía el guión- prescindió de la vertiente destructiva en medio campo para sumar un miembro más a su particular club del toque.
La apuesta le salió redonda en lo escénico, aunque baldía en el aritmético. Desde el saque de centro del Celta monopolizó el balón en todo el primer tiempo convirtiendo el partido en un rondo perenne. Pero no en la zona insulsa, sino pisando área rival. Por eso las llegadas, los córners y las ocasiones se sucedieron. Desde la primera de Aarón nada más ponerse el balón en juego, hasta la meridiana de Joselu que después de hacerlo todo bien no acertó a definir ante Cobeño. También lo intentó Iago Aspas tras un excelso servicio de Garai y Jordi con un cabezazo al que llegó el meta rival con una mano prodigiosa cuando el balón ya había pedido permiso para entrar.
El Rayo fue durante este primer tiempo un juguete desdibujado tocado por la suerte, pero dejando también constancia al Celta de que podía pagar caro el mínimo desliz. Porque aunque no viesen puerta en este período le bastó un par de centros diagonales envenenados para alentar a una zaga que ayer, al fin, se doctoró en el arte de la solvencia.
Mel vio aquel desbarajuste y hasta se metió en campo a la vuelta del vestuario para reorganizar sus líneas, aunque en realidad los vallecanos ganaron en seriedad con la irrupción en el partido de Rafa García.
Más equilibrio
El centrocampista canterano le dio equilibrio aunque tampoco pudo evitar que el Celta continuase con su muestrario de fútbol colectivo. Lo hizo con menos profusión atacante y emitiendo síntomas de cansancio a medida que caían los minutos, pero aún así creando el suficiente número de oportunidades para decantar la balanza. Pero en el fútbol todavía no se gana a los puntos y al cuadro vigués le faltó acierto y fortuna en los metros finales. Acierto en una volea de Jordi o en un disparo de Danilo y fortuna en una fallo envenenado del central Pelegrín que sacó Cobeño. De hecho, el Celta incluso llegó a marcar a falta de cinco minutos, pero el tanto de Joselu fue anulado por un apretadísimo fuera de juego.
Con el partido descosido y las fuerzas justas el desenlace incluso pudo ser peor, porque Pachón y Rubén Castro llegaron en posiciones francas a los dominios de un Falcón que solucionó con éxito el poco trabajo que tuvo.
La derrota elevaría la injusticia del marcador a un grado superlativo. Después de lo visto el empate ya es bastante castigo. Un punto rácano que no sirve para abandonar los puestos de descenso.