El sistema de Roberto Aguirre, que prima al ataque frente a la defensa, provoca que los partidos del Pontevedra sean los que registran una mayor media de goles en su grupo
24 oct 2009 . Actualizado a las 12:55 h.El entrenador del Pontevedra, Roberto Aguirre, lo repite de manera insistente durante los entrenamientos y en la sala de prensa después de los partidos: «En el sistema de juego que proponemos los riesgos son necesarios. Queremos dominar el partido, controlar la posesión de la pelota y elaborar las jugadas en el campo contrario y eso significa que nos pueden crear más dificultades en la defensa». Esta apuesta personal por el fútbol ofensivo se ha revelado en lo que va de temporada como una especie de ruleta rusa.
Cuando el partido transcurre dentro del esquema previsto por el técnico asturiano, sumar puntos y golear están prácticamente garantizados; pero, cuando el devenir del encuentro no concuerda con el plan del preparador, el equipo se derrumba con estrépito. Sucedió ante el Lugo, contra el que el conjunto granate perdió por 0-5 en Pasarón. Un encuentro que, junto al del Guijuelo, Zamora, Santiago y Bilbao Athletic, donde se consiguieron cuatro goles o más en el marcador final, ayudó a convertir los enfrentamientos del conjunto granate en los que registran una mayor media de goles de todo el grupo primero de la Segunda B. En concreto, 3,1 por cada 90 minutos. Unas cifras superiores, por ejemplo, a las que tiene el Barcelona, de 2,86 tantos por partido; el Sevilla, de 2,71; o el Dépor, de 2,43; y algo inferiores a las del Madrid, cuyos seguidores pueden disfrutar de 3,86 goles por jornada. Eso sí, los cuatro primeros clasificados de la Primera División engordan las cifras a través de los goles a favor, mientras que el Pontevedra marca tanto como encaja: 14 tantos. Para bien o bien mal, los futbolistas que dirige Roberto Aguirre, por lo menos en los que va de liga, garantizan a los aficionados al fútbol que no se van a marchar del estadio sin ver el balón alojarse dentro de la portería. Y a menudo, como en los encuentros que se detallan a continuación, los hinchas presencian auténticos festivales de las delanteras.
La lección magistral
Fue para muchos el mejor partido del Pontevedra. Desde el primer minutos salió a arrollar al conjunto salmantino. El medio del campo trenzaba con la delantera a una velocidad de vértigo y los visitantes apenas eran capaces de enlazar una ocasión de peligro. El encuentro lo adornó Charles con un gol de chilena simplemente magistral.
Una de cal y otra de arena
Era la tercera jornada de liga y el Zamora llegaba como líder. Hasta entonces, el conjunto castellano no había encajado ningún gol. El arsenal del Pontevedra se encargó de hacerle dos en los primeros compases del choque. Pero a partir de ahí, empezaron las dudas en la defensa y en dos jugadas a balón parado los locales consiguieron el empate y, ya en la segunda mitad, darle la vuelta al marcador. Pero mediada la segunda parte, el canterano Adrián Cruz empezó a reivindicarse con el tanto de la igualada. En la rueda de prensa, Roberto Aguirre declaró: «Pienso que mi equipo ha hecho un auténtico partidazo».
Y Gerardo despertó
El extremo Gerardo Carrera, el último fichaje de la entidad para esta temporada, demostró en San Lázaro la capacidad de desborde que puede aportar al equipo. Desmontó en cada acción la muralla planteada por Baleato y firmó una actuación memorable. Pero el conjunto de Roberto Aguirre concedió demasiadas facilidades a los jugadores santiagueses, cuya falta de puntería evitó que la diferencia en el electrónico fuera más estrecha. Por aquel entonces, las rotaciones aún se imponían y gente que no entraba de manera habitual en las convocatorias como Matías Saad o Santi Villa pasaban de repente a la titularidad.
El gran golpe
El equipo estaba crecido. Había alcanzado los puestos de liguilla de ascenso y desplegaba un fútbol vistoso que enamoraba a las gradas de Pasarón. Los jugadores rebosaban confianza. Una autoestima que el Lugo se encargó de dejar por los suelos en 90 minutos donde el Pontevedra fue una caricatura de si mismo. Este batacazo puso fin a la era de las rotaciones.
Una victoria trabajada
El último partido de liga. Por fases, pareció un calco del de Zamora. Arrancó fuerte el conjunto granate y se adelantó por 0 a 2. Pero la expulsión de Pepe Aicart complicó las cosas a los de Aguirre, que al final consiguieron una victoria por la mínima.