Todo artista ha querido siempre disfrutar con su trabajo y todo artista piensa que así debería ser. Así se lo propuso Man Ray, y así lo llevó a cabo en su vida desde que fundó el movimiento Dadá americano con Francis Picabia y Marcel Duchamp.
A estos artistas les importaba no sólo el momento en que la obra de arte estaba terminada y lista para ser admirada, sino también el proceso de creación de la propia obra. Así lo dijo el propio Man Ray: «Por supuesto, siempre habrá aquellos que solo vean la técnica, que preguntan cómo, mientras otros, de una naturaleza más curiosa preguntarán porqué. Personalmente, siempre he preferido la inspiración a la información».
De esta forma se abrió un nuevo camino de experimentación para el artista. Desde entonces todo material podía ser utilizado como canal de comunicación para expresar ideas, siendo tarea del público averiguar el significado final del autor ¿Qué nos quiere decir y por qué lo ha expresado de esta forma?
Esta forma de entender la obra de arte llevó consigo una evolución cambiante y continua de los artistas en general y de Man Ray en particular. La búsqueda de nuevas formas de expresión supuso una experimentación constante que hizo que los artistas no se detuviesen en una técnica exclusiva para toda su vida, sino que trabajaban con fotografía, escultura, pintura y todo lo que les pareciese más sugerente.
Obra abundante
Éstas fueron las razones que llevaron a Man Ray a producir una obra tan abundante y que podemos disfrutar en la exposición monográfica que nos ofrece el Centro Social Caixanova de Pontevedra.
La exposición nos presenta obras de las diferentes etapas artísticas del artista desde su comienzo como fundador del movimiento Dadá hasta sus últimos días en París en que busca la provocación y el juego a través de sus objeto-esculturas.
Cabe destacar algunas obras de la exposición como representativas de sus constantes artísticas más habituales. Así se ve claramente el uso de métodos realmente heterodoxos para su época al usar la tapa de un inodoro en un cuadro como sucede con su Tromp-loeuf que en ningún caso deja frío al espectador.
Lo mismo pasa con su serie de objetos-esculturas. En ellas hace uso de lo que en el mundo del arte se conoce como la descontextualización, esto es sacar un objeto de su contexto y presentarlo en otro diferente para provocar una reacción o un sentimiento en el que lo contempla. Esta técnica se puede utilizar de diferentes formas, bien variando sus proporciones, cambiando su finalidad o modificando alguna de sus características. De este modo Man Ray nos muestra una escoba que ha sido convertida en obra de arte por el hecho de situarla sobre una peana como se ve en la obra Ballet francés II o en el objeto que se encuentra al final de la primera estancia de la exposición, la Paletamesa. Ante esta obra el espectador se puede preguntar ¿Es una mesa que se ha convertido en paleta? ¿Es una paleta muy grande que se ha convertido en mesa? Cuando en realidad ya no es ninguna de las dos cosas; el artista ha decidido darle el significado de obra de arte.
Nuevas técnicas
Pero no acaba todo aquí. Man Ray tuvo mucho éxito en el campo de la fotografía por inventar nuevas técnicas como la solarización o sus rayografías y por ser el retratista oficial de los artistas de las vanguardias de París. Sin duda es muy agradable poder encontrar en la exposición una de sus fotografías más conocidas el Violon d´Ingres. En esta fotografía no sólo es importante el hecho de que la mujer fotografiada es Kiki, la musa de muchos en la colonia de artistas de Montparnasse, sino porque aquí el fenómeno de la descontextualización ha llegado hasta el cuerpo humano. Ya no usa un objeto para cambiarle el significado, sino que da un giro más usando el propio cuerpo humano para transformarlo en un objeto aprovechándose de las curvas femeninas para transformarla en un violín.
Gracias a esta exposición se acerca un resumen de la personalidad de Man Ray al público en general. Ahora cada espectador podrá formarse la idea que considere más justa sobre su obra artística. Quizás no podamos precisar los sentimientos que ocasione a cada espectador pero, como es natural en este cofundador del Dadá, podemos estar seguros de que los despertará.