La madre se jubiló en la cocina del bar Cinco Calles que luego dirigió su hija, ahora al frente del restaurante Noray, en el puerto de San Adrián de Cobres
27 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Mercedes Lorenzo pertenece a la tercera generación de una saga familiar dedicada al mundo de la hostelería. Su abuelo paterno y sus tíos eran muy buenos cocineros, al igual que su padre, pero en cambio, siempre trabajó de camarero.
«Mi padre -comenta- fue camarero toda del Hotel Universo y cuando cerró, hace unos 35 años, montó con el cocinero el primer local, el bar Os Manolos, que trabajaron los dos matrimonios». Estaba en la zona de vinos pero solo permaneció un par de años. Luego, Manuel Lorenzo, fallecido hace seis años, y su mujer, Almira, abrieron el Cinco Calles, en pleno centro histórico, que aún continúa funcionando y es de la familia.
El matrimonio abrió ese bar el 10 de julio de 1979, justamente el mismo día en que nacieron dos de sus tres hijos, Juan y Mercedes, que lo hicieron en los años 1964 y 65, respectivamente.
Mercedes recuerda que desde niños había que echar una mano en el bar, especialmente los veranos. Pero su incorporación definitiva no se produjo hasta que cumplió 22 años. Y luego se puso al frente del negocio tras jubilarse su padre, y luego su madre, que era la cocinera. Confiesa que su trabajo le da alegrías: «Tener un local como es el Cinco Calles, que te da de comer bien y que te mantiene bien y no tienes que luchar con mucha gente, es algo bueno». Eso sí, las horas dedicadas son muchas. «Yo siempre digo que vivo dentro del negocio, duermo en casa pero vivo en el negocio, porque trabajo todos los días 12 o 14 horas y desde hace muchos años».
Ahora, hace ya cuatro años que está al frente del restaurante Noray, en un incomparable marco de la ría de Vigo, en San Adrián de Cobres. «Fue por mediación de una clienta y amiga, que tiene allí una casa de turismo rural en la casa rectoral de San Adrián de Cobres. Es noruega, recaló en Pontevedra hace unos años y siempre me animó a que viniera al Náutico. Y ahí estoy, en un sitio que es un privilegio. Lo abrí el 13 de enero del 2005».
Dice que la diferencia entre los dos locales «es mucha», supone «subir cuatro o cinco peldaños». «Clientes son todos -se explica-, pero aquí tenemos una clientela media alta muy buena».
Aventura de los 40
«Me vine para aquí con 40 años. El local es muy bonito, el sitio, un privilegio. Siempre digo que es mi aventura de los 40. Creo que es un regalo por una trayectoria más o menos buena». Eligió el nombre, Noray, porque buscaba algo relacionado con el mar, y un cliente lo propuso.
Es también la cocinera del negocio, que cuenta con capacidad para unas ochenta personas dentro, y otras sesenta en las tres terrazas exteriores. «Hago cocina casera y de temporada. No tenemos una carta propiamente dicha, pero lo que tenemos es del día». Acude desde siempre a la plaza de Pontevedra y adquiere según lo que haya en el mercado. Pero trabaja especialmente «el pescado al horno, que es lo que más nos demandan, algún arroz, y buena carne, tanto a la plancha como un buen jarrete estofado, o un buen cocido o lacón. Cocina casera, de temporada y plato consistente».
Tiene tres empleados, y de vez en cuando, cuenta con la ayuda de su hermana, Susana. «Es mi referente -dice- siempre que necesito ayuda, nos hemos criado en esto y recurro mucho a ella porque estamos muy acostumbradas a trabajar juntas y para mí es un descanso tenerla de vez en cuando dando vueltas por aquí».
Sobre las diferencias entre los dos locales, comenta que en el Cinco Calles es un goteo continuo de gente, mientras que en el nuevo son «golpes de horas de trabajo».
Este año le acaban de conceder el Plato de Oro de una asociación gastronómica luso galaico, algo que le agrada, como cuando repiten los clientes. «Siempre es gratificante». Y aunque no lo sabe, espera jubilarse en este idílico local.