Herminia conservó los libros de sus hijos con la ilusión de que algún día podría leerlos. Hoy, gracias a la educación para adultos, puede hacerlo
02 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Sempre que pasaba un libro polas miñas mans, quedábame mirando para el coa ilusión de que algún día podería lelo. De feito, gardei os libros dos meus fillos coa esperanza de que nun futuro eu aprendería a ler. E así foi». Este es el testimonio de Herminia, quien con 73 años decidió matricularse en el centro EPA (Educación Permanente para Adultos) Río Lérez con el objetivo de «querer saber».
Cuando era joven no tuvo la oportunidad de poder estudiar. Inmersa en plena posguerra y con varios hermanos tuvo que invertir su infancia y adolescencia en ayudar a su familia con el cuidado de los animales y con el cultivo de las fincas. Tan sólo iba al colegio los días de lluvia, «con zocos e un carupucho feito de palla», apunta Herminia. Allí una única profesora, doña Juanita, era la encargada de impartir todas las asignaturas y atender a un gran número de alumnos. Su paso por la escuela le sirvió para aprender a firmar y poco más. Dejó el colegio de forma definitiva con 12 años y comenzó a trabajar como limpiadora doméstica al poco tiempo. En aquel momento tampoco sentía que los estudios fuesen necesarios en su vida. Pero el tiempo le demostró que sí.
A lo largo de su vida echó en falta, en numerosas ocasiones, una base sólida de conocimiento que le permitiese defenderse con más soltura en el día a día. Ahora con 73 años, valiente y segura de si misma, vuelve al colegio como si una niña se tratase. De hecho, afirma que ha sido una de las mejores decisiones que ha tomado. «Hai moita xente da miña idade que non quere recoñecer que non sabe, dálles vergoña, pero a min dáme igual o que pensen os demais», argumenta Herminia.
Ganas de superarse
Al igual que ella, otra gente de su edad decidió también emprender de nuevo los estudios acogiéndose a la oportunidad que le brinda la educación para adultos. Es el caso de Lola. Sus 60 años de edad tampoco supusieron ningún impedimento para cursar quinto de primaria. El motivo que la llevó a hacerlo fueron las ganas de aprender y de saber más, ya que «me sentía pobre en cultura, que es lo más grande, -explica Lola-sabía escribir y leer pero bastante mal». Ahora afirma orgullosa sentirse satisfecha por los resultados obtenidos. Y es que, en contra de lo que pensaba en un principio, superó las expectativas que se había marcado. Tan sólo suspendió matemáticas, la única asignatura que se le atraganta hasta el momento. Este año repetirá curso para seguir formándose y perfeccionando su conocimiento pero no se plantea seguir con los estudios de la ESO, «me queda un poco grande, el nivel es mayor y te exige más», comenta Lola.
Enseñanza de la ESO
Según el director del centro EPA Río Lérez, José Luis Casado, existe una gran necesidad de obtener el título de la ESO. En este nivel cambia el perfil del alumno. Mientras que en las enseñanzas básicas iniciales, que equivalen a primaria, la franja de edad media de los estudiantes se sitúa en los 50 años de edad, en la ESO baja considerablemente la edad media, situándose entorno a los 20 años. Cambia también la motivación para iniciar los estudios. En el caso de Herminia o de Lola predominaba el deseo de aprender. Por el contrario, los alumnos que cursan la ESO lo hacen mayoritariamente por necesidad laboral.
Marinela Rodríguez tituló este año en la ESO. Con 45 años era la mayor de la clase y, aunque al principio se sentía «temerosa» por su edad, pronto se integró en el grupo. Abandonó los estudios con 16 años por problemas económicos y ahora decidió comenzar de nuevo para poder progresar en la vida laboral. La falta del graduado de la ESO supuso una barrera en su trayectoria profesional. Harta del trabajo en la hostelería, quiere conseguir un empleo con mejores condiciones. Por eso, no ha dudado en continuar los estudios. Este año se matriculó en un ciclo medio de auxiliar de enfermería.