La cafetería Lusitana, ubicada en la praza da Liberdade, echa el cierre. El domingo -o quizás el lunes- será el último día que su propietario, Carlos Suárez Fragueiro, la mantendrá abierta. «El 1 de septiembre tiene que estar libre -dice-, tras vencer el período de la concesión municipal». Fueron diez años que dan para mucho, como recordó emocionado. Pero los aficionados a sus churros, una de sus especialidades, «la churrería es el buque insignia de nuestros establecimientos» -dice-, podrán seguir degustándolos en el nuevo Lusitana, que abrirá sus puertas en la rúa Espincelo, junto al edificio de la Xunta en Campolongo, en octubre, según las previsiones del empresario.
Lusitana abrió sus puertas en abril de 1999. No era, ni mucho menos, la primera cafetería de Carlos Suárez. Montaña, ya desaparecido, y Todo, en la calle Rosalía de Castro, en pleno funcionamiento, fueron sus primeros locales de hostelería. Comenta que cuando salió a concurso la concesión municipal de una cafetería en la praza da Liberdade, se presentó y ganó. Tuvo que hacer una fuerte inversión en las instalaciones, «porque todo fue a mi cargo menos el habitáculo que estaba puesto». Ahora levantará el mobiliario «porque lo demás redunda en el Ayuntamiento, la parte de obra civil se la queda».
Transcurridos los diez años que marcaba la concesión, se volvió a presentar al concurso con la intención de continuar con la cafetería, pero no pudo ser. «Hubo otra empresa que yo no esperaba que hiciese una oferta tan desorbitada». «Creo que directamente fueron a reventar el concurso», añade con resignación.
El empresario comenta que, como casi siempre, los comienzos de Lusitana fueron difíciles porque «era un negocio nuevo, que estaba un poquito separado de lo que es la calle», pero ahora va funcionando, «en verano mucho mejor que en invierno, y tienes una clientela más o menos fija y estable». Desayunos, el aperitivo, y comidas -«tenemos un menú del día, bocadillos y platos combinados- eran el fuerte del negocio, en el que servía una media de veinte comidas diarias. Entre las anécdotas, destaca las protagonizadas por los niños. Emplazado en una plaza pública, donde los pequeños juegan, incluso en los aparatos de columpios que puso el propio empresario, fueron muchos los que a lo largo de estos años se acercaban hasta el establecimiento a pedir «patatas, galletas o churros», y cuando acababan volvían a por más, aunque no estuvieran consumiendo en la terraza. «Me tienen cariño», subraya Carlos Suárez, que no puede evitar la emoción al hablar de sus clientes. El balance como empresario «es positivo, haces una clientela un poco afín que te coge cariño».
Ahora, afronta con ilusión su nuevo proyecto, que llevará el mismo nombre: Lusitana, «porque lo tengo registrado y de alguna manera no deja de ser ya un reclamo para la gente que me conoce de aquí». Espera poder abrir a mediados de octubre «un local bonito que yo pienso que puede funcionar, con la Xunta, Hacienda, Tráfico y una cantidad importante de viviendas con potenciales clientes». Se decidió a abrirlo por el cierre obligado, «porque tengo empleados y de alguna manera me considero responsable de ellos». Algunos le acompañarán en su nuevo local. «Será un establecimiento más moderno, también dirigido al tapeo, pero lo básico va a ser la cafetería, porque está en una zona de mucho trasiego de gente, especialmente por las mañanas, y la base importante del negocio va a ser la cafetería, aunque también vamos a abarcar el ámbito de vinoteca y de tapería, para atraer a la clientela de la zona». Pero antes, se despedirá de sus clientes invitándoles «a un vinito el último día, y les diré que estamos muy cerca y que vengan a conocernos al nuevo local».