Un bosque en miniatura

Chelo Lago consuelo.lago@lavoz.es

PONTEVEDRA

22 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Dentro de los actos de celebración de su 50 aniversario, la Sociedad Cultural y Deportiva de Mourente abrió ayer una interesante muestra de bonsáis, propiedad de dos vecinos de la citada parroquia, que ya es casualidad tratándose de una afición no demasiado extendida por estos pagos. Se trata de Juan Olegario Gil, que en el año 2000 se proclamó campeón de España en diseño bonsái, y Fernando Blanco Rey, dos aficionados a este arte que además, son amigos inseparables. Abogado de profesión, Juan Olegario Gil se aficionó en Brasil, en donde se crió. «Me fui con dos años y volví a los 17 -explica-. Cuando tenía 14 años, vi una exposición en donde vivía que me llamó mucho la atención. De vuelta a Pontevedra, en el año 87, cuando despertó un poco el tema, encontré uno en una floristería y empecé a buscar libros y documentación». Se trataba de un ficus. Al año siguiente se enteró de que había un club en Vigo y se asoció y ahora, ya desde hace varios años, lo preside. Es el Club Bonsái Vigo. No sabe exactamente cuantos árboles tiene en su colección: «La verdad es que nunca me paré a contarlos, pero unos 60 o 70»

Su primer bonsái «por llamarlo de alguna forma» dice, «fue un plantón de roble que encontré en el monte y que a mí, entonces, me pareció una maravilla». Con el paso del tiempo «me di cuenta de que era una chorrada», comenta divertido. Estos árboles en miniatura son de exterior, «aunque la gente tiene la creencia de que hay que tenerlos dentro de casa, como si fuera una planta de interior». Tal creencia, explica que viene dada porque normalmente, los que se compran son especies tropicales que vienen de China y entonces sí que no soportan las heladas y tienen que estar bien resguardados, pero «un bonsái es un árbol normal». Para conseguir uno «sirve cualquier árbol siempre y cuando tenga un tallo leñoso, algo que forme rama». Procedimiento. Este experto explica que los procedimientos para hacer un bonsái son muy numerosos. «Puedes plantar una semilla, que es el proceso más largo, y seguir con toda la evolución. Pero también puedes encontrar un árbol que te interese, hacerle un acodo aéreo para que eche raíces y luego trasplantarlo a una maceta. Otra forma es salir al monte y utilizar un árbol que quedó achicado porque está en una zona pedregosa o en mala situación, lo recoges y lo cultivas como bonsái. Esto es lo que se llama el yamadori, utilizando la terminología japonesa que se usa en este arte, que quiere decir que es un árbol recuperado de la naturaleza». Esa última es la técnica que este experto utiliza más, aunque tiene de todos. Cuidados. Comenta que los bonsáis comprados vienen con una tierra muy mala y la gente los tiene en casa, con unas condiciones no muy buenas. «En contra de lo que se pueda creer, requieren un suelo de grano bastante grueso para que no se encharque el agua. Ese es el principal problema porque algunos aficionados lo quieren regar mucho y acaban ahogándolo porque esa tierra tampoco es la mejor. Si cuando lo compran los trasplantan, ya cambia el tema». Juan Olegario Gil no considera difícil cultivar bonsáis, aunque matiza, «es como todo: lo que sabes, te resulta fácil y lo que no, te parece súper extraño». De todas formas, considera que es bastante laborioso por los cuidados que requiere. Por su profesión, no le puede dedicar todo el tiempo que quisiera y envidia sanamente a su amigo, Kevin Wilson, «un maestro a nivel europeo que estuvo en mi casa hace apenas dos meses y que se dedica únicamente a esto». «Vive en Inglaterra y como allí no hay verano, se lo pasa en Tenerife. Estuvo por aquí impartiendo un curso y vive de eso. ¡Quién pudiera!, por lo menos escapabas de tanto estrés pues es una actividad relajante».

Además, esta afición, como todas, también sirve para conocer a gente, y cuenta la curiosa manera en que contactó con su compañero de exposición, Fernando Blanco Rey. «En el club en Vigo conocí a un aficionado que era de Pontevedra y le pregunté dónde vivía. Me dijo que en Mourente, como yo, y le pregunté el lugar, a lo que me respondió que era de Cons. Yo le dije que también vivía allí y resulta que estábamos prácticamente al lado y no nos conocíamos. Ahora somos inseparables». Exponen algo más de veinte bonsáis, que van rotando cada tres o cuatro días. La muestra estará abierta hasta el 7 de septiembre, en la sede de la SCD Mourente, pero los mismos ejemplares no aguantarían. «No es prudente tenerlos más de tres o cuatro días, por lo que iremos rotando los árboles de uno y otro», comenta.