Las dos son periodistas. Trabajan además juntas, en la delegación de Pontevedra de la Radio Televisión Galega. Eligieron el 11 de julio como fecha de su boda. Y encima, van a ser vecinas. Además, sus maridos son extranjeros, aunque ya totalmente gallegos de adopción. Hablamos de Mercedes García-Nieto y de Susana Ares, que iniciaron a la par esta nueva etapa de casadas al lado de sus respectivas parejas, Julien Petit, de nacionalidad francesa, y Santiago Carrera, mexicano.
La procedencia de los novios dio un carácter internacional a ambos enlaces, con presencia entre sus invitados de ciudadanos procedentes de diferentes países, desde Francia, Inglaterra, Escocia o Australia a México. Mercedes y Julien, que eligieron la iglesia de Santa María de Beluso (en el municipio de Bueu), celebraron una ceremonia religiosa bilingüe, en español y francés, con citas del famoso libro de Antoine de Saint-Exupéry El Principito. Y música de cine -La Misión, Memorias de África, La vida es bella...-, además de las piezas clásicas y tradicionales como la Salve Marinera interpretadas por un cuarteto de cuerda. Ambientación especial. Por su parte, Susana y Santiago ambientaron la casa familiar de ella en A Peroxa (en el concello de Moraña), el lugar escogido para el enlace -precisamente sus padres se casaron allí un mismo 11 de julio-, con adornos mexicanos, además de sustituir el tradicional vals por el baile del famoso tema Jalisco, interpretado por unos mariachis. Pero antes, ya en la ceremonia, el sacerdote les sorprendió con su particular versión a la guitarra del tema Bendito sea, del grupo Maná. Pero aún hay más conexiones entre ambas bodas. Por ejemplo, que la capilla en la que estos últimos novios contajeron matrimonio es la de Nuestra Señora de las ¡Mercedes! Y, por supuesto, la emoción con la que ambas parejas contagiaron a sus invitados. En ambas ceremonias religiosas las novias vivieron con intensidad las intervenciones de sus familiares, la madre en el caso de Susana y el hermano en el de Mercedes, que quisieron desearles felicidad en esta nueva etapa.
Julien y Mercedes convidaron a sus invitados en el Pazo de Santa Cruz, también en Bueu, con unas magníficas vistas de la ría de Pontevedra. El invernadero sirvió de escenario para una cena, servida por Solla, con un maridaje perfecto entre la nueva cocina y los platos tradicionales gallegos. El guiño más autóctono, que sorprendió sobre todo a los invitados ingleses, franceses y escoceses, además de catalanes, andaluces y madrileños, fue la preparación de una queimada con conjuro incluido y cuyo recipiente se asentaba sobre una cama de arena de la playa. Si en esta boda las mesas llevaban los nombres de playas españolas y francesas frecuentadas por la pareja en su afición surfera, en la de Susana y Santiago las referencias fueron de nuevo mexicanas. Y los novios llegaron al banquete luciendo sombreros típicos del país centroamericano, que lanzaron al aire a su entrada en la carpa instalada en A Peroxa. Radiantes. Como tenía que ser, las novias lucieron radiantes. Mercedes García-Nieto llevaba un vestido exclusivo diseñado por Chelo Castro, de Chamonix, de encaje beige sobre fondo de seda blanca y de talle bajo, con un original tocado que sujetaba el velo de tul al tono. Susana Ares escogió mantilla blanca para acompañar un vestido crudo de escote en pico y suave caída en gasa, seda y crep. En cuanto a los novios, llevaron elegantes chaqués. Y los pajes también fueron protagonistas por sus encantadores diseños para este gran día. Curiosamente, las dos parejas esperarán a septiembre para su viaje de luna de miel. ¡Felicidades!