Del Lérez al Saint James londinense

PONTEVEDRA

El parque natural y conjunto artístico de A Xunqueira sufrió desde 1999 un progresivo deterioro que se trata de enmendar emulando a otras grandes zonas verdes europeas

10 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El plan cultural del Xacobeo 99 convirtió a Pontevedra en una exposición permanente de obras de algunos de los mejores escultores del mundo. Una docena de artistas de reconocido prestigio internacional fueron reclamados por la Xunta para exponer sus trabajos en la Illa de A Xunqueira, que se transformaría así en una gran museo escultórico al aire libre, aunque sus promotores nunca quisieron darle esa denominación. Fue la guinda de aquel primer proyecto de recuperación de las márgenes del Lérez, obra iniciada dos años años atrás y apadrinada por el entonces conselleiro de Obras Públicas, Cuíña Crespo.

La envergadura de esta actuación causó notable expectación y sería esta vez el ex conselleiro de Cultura, Pérez Varela, quien se llevaría los laureles en un momento en que desde las filas de la oposición, sobre todo socialista, reclamaban un protagonismo especial en la programación xacobea para esta ciudad, como capital del Camino Portugués. El profesor y crítico, Antón Castro, coordinó y fue comisario con Rosa Olivares del megaproyecto. El parque fluvial del Lérez era el marco idóneo por sus condiciones naturales y su extensión para la integración de las piezas en el paisaje.

Ulrich Rückriem (Alemania), Anne y Patrick Poirier (Francia), José Pedro Croft (Portugal), Richard Long (Inglaterra), Dam Graham (EE.UU.), Giovani Anselmo (Italia), Robert Morris (EE.UU.), Francisco Leiro (Cambados), Jenny Holzer (EE.UU), Francisco Casás (Gondomar), Ian Hamilton Finlay (Escocia) y Enrique Velasco (Pontevedra) fueron el elenco de artistas que dejaron su obra integrada en la isla de A Xunqueira, rebautizada desde entonces como Illa das Esculturas. Y todos utilizaron el granito como homenaje a una de las señas de identidad de Galicia.

A Illa fue inaugurada como referente mundial del arte contemporáneo el 29 de julio de 1999, a falta del montaje de alguna pieza, y casi desde que la primera obra aterrizó en la ribera del Lérez se sucedieron los incidentes, las agresiones y los actos vandálicos en este entorno.

Enseguida se abrió el debate sobre la necesidad de vigilancia en la isla. El Concello intentó sin éxito que la Xunta siguiera implicada en su conservación y mantenimiento. Se barajó la instalación de cámaras y la esperanza depositada en el traslado de la Policía Local a los bajos del Auditorio por una cuestión de proximidad a la isla, tampoco sirvió como elemento disuasorio de los continuos ataques de grafiteros y agresores más comunes. Casi todas las esculturas sufrieron algún atentado.

Críticas

Frente a las críticas, el Concello trataba de convencernos de que sus planes pasaban por conservar y promocionar al máximo A Illa das Esculturas. Y mientras, la limpieza y vigilancia del recinto brillaba por su ausencia. Hasta el punto de que en más de una ocasión tuvieron que ser los alumnos de la Facultad de Bellas Artes, los que se pusieran manos a la obra para evitar la mala imagen de abandono de un paraje privilegiado y a la vez ejemplo de la aportación del arte contemporáneo al patrimonio cultural de Pontevedra.

Castro asumió esa y otras iniciativas de cuidado, como la creación de un colectivo de amigos de A Illa para velar por su mantenimiento y posible ampliación como uno de los recintos escultóricos más destacados de España y Europa, así como referente del diálogo entre arte y naturaleza. Incluso llegó a plantear una fundación para gestionarlo pero no tuvo el apoyo necesario de las administraciones.

Cultura llegó a pagar muchos de los desperfectos de las obras y no faltaron las polémicas entre el Concello y la Consellería, hasta el punto de que el PP planteó en el Parlamento una proposición para que la Xunta instara al Ayuntamiento a poner freno al abandono y a las agresiones en la isla. En el 2006 ya había sufrido más de 500 ataques vandálicos y el laberinto de Morris fue la obra más castigada. Esas polémicas derivaron en actuaciones puntuales de limpieza y eliminación de maleza que impedían apreciar A Illa en todo su esplendor.

La realidad es que este parque escultórico tuvo una proyección y reconocimiento internacional que contrastó con la indiferencia local sobre su importancia artística a nivel mundial. Fue referencia para otros proyectos posteriores como el de Montenmedio (Cádiz) y hasta en la ciudad de Nueva York se fijaron en él como posible modelo exportable a Long Island. Aunque para nuestra vergüenza en congresos internacionales también se puso A Illa da Xunqueira como ejemplo de dejadez institucional.

Es significativo que en la Oficina de Turismo de la Xunta no haya a día de hoy ni un folleto sobre A Illa das Esculturas y allí constatan que muchos extranjeros llegan a Pontevedra interesándose por ella. No en vano algunos de los escultores allí presentes tienen obra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, en el Pompidou de París o en el Guggenheim de Bilbao.

Despertar

Pero más vale tarde que nunca. Y después de años de desidia y abandono no solo en lo relativo al valor artístico, sino al valor natural de este entorno fluvial, el Concello presentará en breve el anunciado proyecto de revalorización integral de la Illa da Xunqueira con una inversión de 1,5 millones de euros.

Ahora sí parece dispuesto a potenciar este parque fluvial como un «referente cultural único» y, en en el aspecto medioambiental, situarlo a la altura de los grandes parques urbanos europeos. El ejemplo que ponen es el de Saint James de Londres.

Aunque se incidirá sobre todo en el valor natural de A Xunqueira, indefectiblemente tendrán que poner también en valor las obras de arte de primer orden integradas en ese entorno. Y ya que el 2010 es año Xacobeo quizás sea el momento de que la Consellería de Cultura complete también el conjunto escultórico. Esta ampliación se viene barajando desde el Xacobeo 2004. La idea de Castro era instalar tres nuevas obras de Nils Udo, Marta Schwartz y Jaume Plensa, tres artistas, que como los que están ya en el Lérez, tienen en la naturaleza su medio de creación.