Mantienen una empresa familiar de venta de marisco en la plaza de abastos de Pontevedra que comenzó con la venta de pescado por aldeas y ferias
15 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La marinense Carmen Pereira Aldao empezó de niña a vender pescado, para ayudar a su familiar. Natural de Marín, con 8 o 9 años ya cargaba la cesta de pescado en la cabeza y, primero en compañía de su madre, y luego sola, recorría aldeas y ferias para vender su producto. Ahora, con 75 años y jubilada, sigue en la brecha con el marisco, en la plaza de abastos de Pontevedra.
Su hija Margarita comenta que su madre sigue yendo a vender porque «si le falta esto, le falta todo». «El pasado mes de enero estuvo convaleciente de una gripe, todo el mes en casa, y se deprimía, porque toda la vida estuvo de vendedora».
El oficio, en el que también están tres hijos: Carmen, Margarita y Carlos, sigue siendo duro, pues tienen que madrugar mucho, pero nada comparable a lo que vivió su progenitora. «Nos levantamos sobre las cinco de la madrugada para ir a la lonja de la misma plaza, que abre a las 7, y luego te tiras toda la mañana vendiendo, unas veces acabas antes, y otras después, todos los días de la semana menos domingos y lunes».
Pero reconoce que su madre lo tuvo mucho más crudo. «Iban a vender, incluso hasta A Estrada, y como no tenían dinero, subían a los camiones que llevaban el ganado a la feria, y allí iban cargadas con sus cestas». Además, de aquella no había neveras, por lo que acudían a la lonja a buscar el pescado, lo tenían que abrir y limpiar, lo salaban, y luego se marchaban por los pueblos a venderlo. «Mi madre iba mucho por Vilaboa, y se traía cebollas, patatas, verduras..., a cambio del pescado».
Con el tiempo, la matriarca se pasó a vender marisco, que pescaba en una chalana su marido, Alfredo González, ya fallecido. «Traía nécora y camarón...» y ya se estableció en la plaza antigua de Pontevedra, que inicialmente estaba en la plaza de Valentín García Escudero, y luego ya en la nueva, donde permanecen y son conocidos como Marisco Soncha.
A pesar de la dureza del oficio y de los años dedicados al trabajo, Carmen Pereira tiene un inmejorable aspecto y continúa en la brecha.
La mayor de sus hijas, Carmen, se inició en el negocio familiar también muy joven, pero lo dejó cuando se casó y volvió hace unos 20 años, con los hijos ya criados. Su hermana, Margarita, lleva 30 años. «Empecé con 13 años y tengo 43. Ya llevo 30 años en esto. En cuanto a mi hermano, empezó a venir con nosotros a la lonja cuando compramos la furgoneta, a los 20 años».
El producto lo compran en la lonja de la plaza de abastos de Pontevedra, aunque también se surten en Cangas, Bueu y O Grove, entre otros lugares, «porque con lo de aquí solo no te arreglas».
A pesar de venderlo, las hermanas no son muy aficionadas al marisco, al revés que el hermano, «que lo comería todos los días». Su preferido es el camarón, «el rey del marisco» para Margarita, que tampoco le hace ascos a un «bruño o a una buena centollita». Incluso a veces, cuando sobra algo de producto, «empezamos a decir una a otra: llévalo tú, llévalo tú...»
Sobre el producto que ofrecen dicen, contundentes, que «aquí no se engaña a nadie. Yo respondo por mí». «Ahora mismo la nécora está en veda, y la que hay a la venta es escocesa. También es buena pero es escocesa y a la gente que viene, se le dice. También hay gente que vende la centolla de fuera, pero yo solo trabajo la de aquí, salvo que me encarguen expresamente la de fuera».
En cuanto a si se nota la crisis, afirman que sí. «La cosa está muy mal, ya se venía venir. Te cuesta todo mucho y sacas para los gastos y poco más, pero tenemos la esperanza de que esto acabe y que vaya a mejor. Esto es una empresa familiar y tratas de ir aguantando. Nosotros también trabajamos para restaurantes y cada vez la gente se casa menos, hay menos bodas y también se mira más el dinero, porque sin marisco puedes vivir perfectamente».