Diálogos entre Solomillo y Entrecot

Leopoldo Centeno

PONTEVEDRA

Dentro del ciclo Novaxove (NX) que promueve la Fundación Caixanova para la difusión del teatro y la música encaminada a un público juvenil, en el Centro Social de dicha entidad en Pontevedra se ha celebrado la primera de estas representaciones bajo el título de Solomillo. Una historia poco hecha, con texto y dirección de Santiago Molero y Rulo Pardo (SeXpeare).

Según el programa de mano, esta estrambótica historia tiene la siguiente línea argumental: Juan Solomillo es un filete sabroso que vive en un mundo particularmente frío y que un día conoce a María Entrecot, una chica contundente y jugosa que le descubrirá los placeres de la carne. La inexplicable desaparición de María convierte a Juan en cuarto y mitad de lo que era. A partir de este momento luchará con todas sus fuerzas contra su destino, convirtiéndose en el Ché Guevara de las proteínas.

Impresión desafortunada

Con estos ingredientes se desarrolla la comedia en la que hemos escuchado frases pronunciadas como una sola palabra, disparadas cual tableteo de una ametralladora lanzando sílabas y sílabas sin ser, prácticamente, inteligibles por la velocidad; luego, esta velocidad discursiva fue decreciendo.

Hasta cierto punto, la obra nos causó una impresión desafortunada, dado que un buen actor, con presencia y dicción, con tablas, manejando un casi monólogo, con un texto sopesado por kilogramos, incluso con la colaboración de una buena megafonía (en algunos momentos, excesivamente alta), se desperdiciase en algo tan inconsistente, nos da la impresión de que no merecía la pena.

Por otra parte, la originalidad del programa que para solamente dos actores intervinientes no figurase como tal el nombre de la componente femenina, nos pareció extraño. En la trama se hace participar al público a fin de decidir hacia donde debe encaminarse el protagonista, tomando así rumbo en la historieta.

Dos actores

Los dos intérpretes que ponen la carne en el asador ante el respetable han sido los actores: Fele Martínez, como Juan Solomillo, que defendió los altibajos de su papel con desenvoltura y Elena Lombao, como María Entrecot y asistente de escenario, con cierto gracejo.

Extraordinario el juego de luces en todo momento, así como las sombras chinescas: ¡Excelente! Muchas cosas bien cuidadas para desarrollar un texto -repetimos- inconsistente sobre un escenario, nos da la impresión de que no es de recibo. La gracia, en pizcas. Las voces en gritos, en muchas ocasiones. Pero? quizá esta obra que no pasará a los anales del teatro, como lo que intenta representar el sobrenombre de los autores y directores ("SeXpeare"), tenga su público en un amplio estatus de la juventud y para éste sea graciosilla y entretenida.

Para este comentarista descriptivo (indulgente donde los haya), la representación o, mejor dicho, la calidad del texto de la representación estaba implícito en el título y subtítulo de la obra: Solomillo. Una historia poco hecha.