El establecimiento Casa Pilán, en la «plaza del Marqués de Valterra para Pontevedra, y en la plaza del relleno para los marinenses», según su actual dueño, cumple este año los cien de existencia. Al frente del establecimiento está Manuel Muñoz Pesqueira, que pertenece a la tercera generación de la familia propietaria, y su esposa, Montserrat García Rivera, que se encarga de la cocina. Abrieron el local, que conserva el mismo inmueble, Elisa Rodríguez y Antonio Muñoz, que procedían de Carballiño.
Se da la circunstancia de que Antonio Muñoz tenía diligencias de caballos, con las que venía a Marín a comprar el pescado seco para venderlo. Y en principio Casa Pilán era la caballeriza, que estaba en el bajo del local, según comenta Manuel Pesqueira. Con motivo del negocio del transporte, la abuela se pasaba más tiempo en Marín que en Carballiño, por lo que el matrimonio decidió luego montar un bar que abrió en el año 1809. «Mi abuela -dice Manuel Muñoz- se dedicaba a dar de comer a la gente del mar, que traía la patela con el pescado y ella lo cocinaba y cobraba por hacer prepararlo y por el vino y lo que se consumiera». Y aquí se quedó el matrimonio, que tuvo once hijos.
El establecimiento estaba pegado al mar y de hecho, aún conserva una anilla para amarrar los botes. «La casa data del año 1780 o 1800 y aunque mis abuelos quisieron comprarla, no lo consiguieron. Pero sí lo hicieron mis padres». Cuando los abuelos se retiraron, el negocio pasó a uno de sus hijos, Valentín Muñoz Rodríguez, y su esposa, Manuela Pesqueira Santiago, que lo mantuvieron hasta su jubilación. El bar estaba en la parte baja y en el piso era el domicilio, donde se criaron los cinco hijos que tuvo el matrimonio. «Mi padre, ya fallecido, se retiró del bar a los 65 años y mi madre aún sigue viniendo todos los días a hacernos una visita». Luego tomaron el relevo, hace veinte años, Manuel y Montserrat, que siguieron con el negocio en el mismo inmueble. Evolución. Manuel Muñoz recuerda que al principio, Casa Pilán era «la típica taberna en la planta baja con bocoyes y dos mesas enormes para dar las comidas. Hoy hay un restaurante de dos plantas, con 16 mesas para unas 65 personas». Se dedican especialmente al menú del día, y tienen por la semana el menú obrero a 7 euros, y los viernes y sábado, uno especial a 15 euros. Y no notan para nada la crisis: «En Marín tenemos mucha suerte porque aunque la construcción y el puerto tiende a ir a menos, el sector naval está en auge y lo que hemos perdido por un lado, lo hemos ganado con la construcción naval». En la actualidad dan un promedio de 70 comidas al día. «Mis abuelos dieron de comer a once hijos, mis padres a cinco y yo le estoy dando de comer perfectamente a dos», subraya con optimismo. Especialidades. El actual propietario comenta que las recetas pasan de generación en generación y desde siempre, la especialidad de la casa fueron las caldeiradas de pescado, un producto que compra él mismo y siempre en la lonja y en la plaza de Marín. En cuanto a las caldeiradas, considera al rape el rey, que es el que más le suelen pedir, aunque ahora es la época de la raya. Y otra especialidad que comenta con orgullo «no tiene nadie en España» es la de cocochas de raya con cigalas. «Este plato hay que encargarlo con al menos una semana de anticipación, porque es difícil conseguir las cocochas, que tienen que estar muy frescas». Otro de los platos muy pedidos es la empanada de zamburiñas. Relevo en el aire. Aunque los actuales propietarios son todavía jóvenes y les falta tiempo para jubilarse, no parece estar muy claro el relevo. «Mi hija tiene dos carreras y mi hijo está estudiando INEF y en principio, no creo que sigan con la tradición, pero nunca se sabe», comenta Manuel Muñoz. Y añade «la familia está ya en la quinta generación y quién sabe si se continuara. A mí tampoco me gustaba el negocio y acabe quedándome con él».