Cara a cara con un pulpo

PONTEVEDRA

Estos bilbaínos acuden cada verano a la playa de Loira para poder sumergirse en las cristalinas aguas de la ría de Pontevedra y practicar el buceo, su deporte favorito

11 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La primera sorpresa llegó al contactar telefónicamente con Juan José Alonso. Su acento dejaba claro la procedencia del personaje, Bilbao. Todo fue muy confuso porque él estaba en Madrid, mientras que otras fuentes nos aseguraban que se sumergía en la ría de Pontevedra. Después de aclarar este pequeño lío supimos que Juan José trabaja en Madrid, vive en Bilbao y tiene una casita en la playa de Loira (Marín) para poder practicar su deporte favorito.

En el transcurso de la conversación, Juanjo, como le gusta que lo llamen, nos cuenta que lleva buceando desde hace casi treinta años. El descubrimiento de la ría de Pontevedra es otra historia, vino hace quince años a visitar a un amigo y se quedó prendado de esta tierra: «Se podría decir que me siento gallego casi adoptado». El casi va por lo fría que está el agua. Todavía no se atreve a meterse en ella sin neopreno. Mientras bromea, asegura que cuando logre hacerlo, se sentirá del todo gallego.

Conexión con Bilbao, Pablo, el hijo mayor de Juan José espera llamada. Coincide con su padre al afirmar que siempre le ha gustado el mar. Las versiones de ambos son muy parecidas, reconocen que prefieren bucear en Galicia porque si hay «viento a favor», es decir, del Norte, la visibilidad es mucho mejor que en el Cantábrico. También están de acuerdo cuando aseguran que lo mejor de bucear es la tranquilidad que se siente. Aunque no se olvidan de otros encantos como las especies que ven bajo el agua o la sensación de ingravidez. Pero si hay algo que les apasiona a padre e hijos es comentar con sus compañeros de inmersión lo que han visto, una vez en tierra: «Bueno, eso y la tapa que te tomas cuando llegas a puerto», interrumpe Pablo.

El padre recuerda que los cursos de buceo de antes «eran otra historia, el profesor nos hacía diabluras. Más que un deporte era una preparación de élite», aclara Juan José entre risas.

Diego es el benjamín del equipo y el pasado verano se inició en este mundo porque quería ver con sus ojos aquello que su padre y hermano le contaban. Juan José reconoce que al principio estaba temeroso pero pronto venció el miedo: «Ahora se le pone una cara de ilusión cuando sale del agua y cuenta lo que ha visto...», comenta Pablo.

Para el padre, su hijo mayor es todo un experto. Pablo nos cuenta que hizo varios curso de submarinismo en Bilbao, entre ellos tiene el nivel avanzado que le permite la inmersión nocturna y poder descender a 30 metros. En su logbook, una especie de diario de buceo, apunta todas sus bajadas, el lugar, hasta qué metros ha descendido y el equipo que ha llevado. Comprobando en este libro asegura, sin ninguna duda, que ha realizado 29 bajadas: «Son poquitas», aclara con modesta intención. Para este joven de 17 años, los más peligroso de la ría son las corrientes. Reconoce que ha cancelado muchas bajadas por este motivo.

De todos modos, con corrientes o sin ellas, Juan José y Pablo garantizan que todavía les queda Galicia para rato.