Las batas de campo ya no son uniformes de trabajo

PONTEVEDRA

Una empresa de Pontevedra diseña los mandilones de las mujeres rurales

22 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Los mandilones que las mujeres del rural lucen como las estrellas de Hollywood un Chanel, salen de una pequeña empresa familiar de Pontevedra, que lleva toda la vida cosiendo con hilo y aguja estos uniformes made in Galicia.

Aunque en el imaginario colectivo de todos están los legendarios mandilones a cuadros cruzados, las estanterías de Enca están repletas de telas con todo tipo de estampados, que llegan desde Sabadell. Una veintena de personas trabajan en el mismo bajo, donde el dueño de la fábrica abrió sus puertas hace más de 30 años.

Enrique Abelleira inculcó a sus hijos el trabajo tradicional de las batas gallegas. Todavía hoy, el proceso apenas ha variado. Una patronista diseña el modelo y una máquina se encarga de cortar la tela. Es la parte más técnica. A partir de aquí, ya sea de manga corta, larga, cruzada o de botonera, una hilera de máquinas de coser no dan puntada sin hilo y sacan al día más de 500 mandilones, destinados a la mayoría de los mercadillos de Galicia.

«Antes aún se vendía en algún local, sobre todo en mercerías, pero ahora los ambulantes son casi los únicos que se dedican a esta producción», explica Javier Abelleira, hijo del propietario y uno de los responsables de Enca. Las importaciones de China están ahogando a esta empresa, que ha visto como su facturación se redujo a la mitad en 12 meses. «Pasamos de facturar dos millones de euros a menos de la mitad. De seguir así, nos veremos obligados a recortar personal», señaló Abelleira.

La salida está en el uniforme

Los chaneles del campo han dado paso a los uniformes de trabajo. Del 100% de su producción, el 25% son mandilones, mientras hace años llegaban al 75%. El margen que queda hasta cien, son uniformes para la automoción, pero la coyuntura actual aplica tijeretazos también en estas telas. Ni para Faurecia, ni para Citroën, cada vez son menos auxiliares las que recurren a Enca y buscan en China la mejor oferta. Cuando hay que recortar gastos, todo vale, y de los más de 7.000 uniformes que hacía, las estanterías están ahora más vacías. Aquí, son más caros, pero la tela no es la misma. «Mi hermano levanta la tela y si a contraluz ves a una persona, es que no es buena», bromea Javier Abelleira sobre las importaciones.

Enca parece un taller de alta costura pero de moda muy gallega. Todos participan en el diseño y escogen las telas. Solo faltan las modelos, pero a las batas no les hace falta markéting para salir adelante. Su uso no es cuestión de moda, aunque ahora sean las protagonistas del documental experimental Bata por fora, muller por dentro, de Claudia Brenlla, sobre la prenda más gallega, con permiso del traje regional, que las mujeres han sabido lucir.