Un escaparate para el mar gallego

PONTEVEDRA

La conselleira de Pesca y el campeón olímpico Carlos Pérez, «Perucho», estuvieron entre las miles de personas que ayer disfrutaron de la Festa do Marisco do Grove

06 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Si Astérix hubiese conocido la Festa do Marisco do Grove, al pequeño galo habría dejado de preocuparle que el cielo se le cayese encima. El festín que esta localidad promete a sus visitantes tiene un atractivo tan fuerte que ni el miedo a la lluvia ni la sombra de la crisis han podido frenar la llegada de miles de peregrinos del paladar hasta este fin del mundo arousano.

Una de esas peregrinas fue Carmen Gallego. La conselleira de Pesca, acompañada por todas las autoridades locales, hizo una visita por etapas a O Grove. Primero paró en San Vicente para inaugurar una exposición de embarcaciones tradicionales. Después se acercó a O Corgo y fue probando los productos que se incluyen en el menú de esta fiesta que promete multitudes. A su paso se oían comentarios. «¿Esa non é a conselleira de Pesca? Seguro que a ela danlle o marisco gratis», decía una señora a su acompañante. Es cierto que la conselleira no se echó ayer la mano al bolsillo, pero no es de extrañar. Su departamento ha contribuido con 120.000 euros a la celebración de este año. Con esa contribución, la Xunta pretende reforzar la organización de un evento que se ha convertido, por méritos propios, en un excelente «escaparate da pesca e dos produtos do mar galego». Y escaparate, por qué no, de todas las bondades de las que Galicia es depositaria.

Flanqueada por el alcalde, José Cacabelos, por el patrón mayor, Francisco Iglesias, y por el presidente de Amegrove, Francisco Padín, Gallego mostró su confianza en que la fiesta no flaquee y que continúe siendo, durante muchos años, una fiel divulgadora de las bondades del marisco gallego. Porque en esto de las cosas del comer, la mejor publicidad es la que entra por la boca.

Más o menos a la misma hora en que la conselleira tenía que poner rumbo a Coruña, donde habría de recibir al comisionado europeo de Pesca, Joe Borg, en el recinto ferial de O Corgo hizo acto de presencia otra de las figuras de la jornada. Carlos Pérez Perucho, el piragüista que volvió de Pekín con una medalla de oro al cuello, acudió con un grupo de amigos a darse un homenaje de marisco. No es el primer olímpico que pisa este año el recinto: el oro del vilagarciano Antón Paz ya había hecho brillar la jornada inaugural de la fiesta, de la que fue pregonero.

Si la conselleira había logrado reunir a su alrededor a un nutrido grupo de autoridades, Perucho logró despertar el interés de muchos de los comensales que a eso de las tres de la tarde se ponían las botas en las carpas de degustación. Muchos de ellos se volvieron a sus casas con el estómago lleno y con una instantánea tomada junto al campeón olímpico.

Los números

En esta fiesta, el marisco comparte el protagonismo con mucha más gente. En primer lugar, con los vecinos de O Grove, que parecen desentenderse durante unos días de sus vidas para concentrarse en la celebración. Y, como no, con los miles de visitantes que no se dejan seducir por los sucedáneos festivos que brotan por todo el país y buscan en la península meca el sabor original del mar. Ayer, desde que abrieron los stands hasta las siete de la tarde, se habían vendido ya más de 12.000 raciones. Sumadas a las de los días anteriores, el horizonte de los 40.000 platos había sido alcanzado.

Y eso que en las calles de acceso a O Grove no se percibía un trasiego abrumador. Quizás se deba, explicaba el concejal de Seguridade Cidadá, Fredi Bea, a que el Concello ha puesto en marcha una precisa maquinaria de organización. Un agente de la policía municipal da, sin saberlo, la razón al jefe. Los autobuses, dice, no dejan de llegar cargados de turistas hambrientos. Y en las calles de O Grove no sobran aparcamientos. «Acabo de atender a unos señores que vinieron andando desde la zona de Porto de Meloxo. Imagínate, tres kilómetros andando», explicaba. Tres kilómetros de peregrinación. Al final del camino les esperaba, eso sí, una sabrosa recompensa.