Marín no da la espalda a las espadas

Benito Lérez redac.pontevedra@lavoz.es

PONTEVEDRA

La villa marinera celebró el pasado domingo la festividad en honor al arcángel Miguel con un rotundo éxito de participación. Los asistentes se agolparon en los confines de la alameda de Marín y en la plaza de España de la localidad para deleitarse un año más con la danza de espadas dedicada al santo. No faltaron los empujones y los aplausos en una jornada marcada por las altas temperaturas. «Este ha sido un año fabuloso», reconoce el Ateneo de Santa Cecilia, organizador del evento.

El salón de plenos del Concello presenció la entrega de medallas a los nuevos cofrades. El acto organizado por el Padroado de Mareantes de San Miguel, contó con la presencia de 23 nuevos integrantes. También se entregaron ocho medallas de plata a los danceros que llevaban diez años bailando y una espada de oro a título póstumo a Pablo Escofet Coma, por haber sido uno de los precursores de la danza de veteranos Trasnos e Meigas. La conselleira de Pesca, Carmen Gallego, presenció el acto, además de importantes personalidades del mundo político de la provincia como el vicepresidente de la Diputación, José Juan Durán, el alcalde de la localidad, Francisco Veiga, el director de la Escuela Naval, José Luis Urcelay y la concejala de Cultura, Esther Crespo.

Uno de los protagonistas del día fue Francisco Albal Monte, al que el Padroado de Mareantes quiso reconocerle su labor por mantener viva la ilusión de los danceros, entregándole un diploma de honor y nombrándole maestro de danzas. Sus chicos, presentes en el acto, no pudieron ocultar la alegría e irrumpieron con una gran ovación a quien ha tratado de mantener con vida, durante tantos años, la tradición del baile folclórico de San Miguel. También recibieron el reconocimiento de cofrades de honor, Antonio Mouriño Villas, presidente de la Asociación Gallega de Danzas Blancas; Ángel Carragal, cronista e impulsor de este baile folclórico; Manuel Cendán Vilela, historiador sobre Marín y Carlos Paulino Alonso, capitán marítimo.

Después de bendecir las espadas de madera en el Templo Vello de la villa, los danceros custodiaron a San Miguel en la procesión. Los veteranos Meigas e Trasnos se diferenciaron de las otras danzas en el vestuario y en ligeros cambios en el baile: Además de llevar una pañoleta azul en el cuello, el ritmo del baile fue más rápido y no realizaron la figura del cáliz, una composición instalada en la otra agrupación, conocida por la de los mayores. Está integrada por un elenco de 36 bailarines, diecinueve chicas y diecisiete chicos, que no escatimaron esfuerzos y halagos a la hora de expresar su alegría por bailar a San Miguel con los conocidos aturuxos. Pero sin duda alguna, si alguien se ganó al público fueron los protagonistas de la danza de los más pequeños. Los niños demostraron que la edad no importa a la hora saber hacer con maestría los túneles, la estrella y la cruz. Muchos de ellos debutaban y reconocían estar algo nerviosos. Pero los merecidos aplausos del público lograron que se viera recompensado el esfuerzo. Al final del acto, San Miguel regresó al Templo Vello esperando tener el próximo año tantos guardianes como este.