Nadie se quiso perder la tarde de toros de ayer en Pontevedra. Nadie significa nadie; especialmente entre los que son alguien en Pontevedra. Políticos, artistas, deportistas, constructores... No había más que ver el puente de A barca a las seis de la tarde. Atasco para entrar en la ciudad, el carril despejado de salida. Y por la acera, también hacia la plaza, peñistas con sus camisetas. Algunos pontevedreses hicieron cola desde las cuatro de la tarde del viernes para lograr una de las últimas entradas a la venta. Una cita memorable. Los pontevedreses tenían la sensación de que iban a asistir a algo singular e irrepetible. Aficionados y menos aficionados a los toros coincidieron en el coso. Algo así como aquel verano de 1969 en que Jimmy Hendrix tocó en Woodstock. Sabían que, muchos años después, iban a poder contarlo. Un beso y una flor. Por que José Tomás está en gracia. Y no defraudó. Incluso, algunas, recibieron de él el mejor regalo. Ángeles Pedrosa, una pontevedresa de la peña Las Verónicas, obtuvo un beso y una flor del diestro de Galapagar como obsequio por el día de su santo, que fue el viernes. Otros se tuvieron que conformar con verlo desde la barrera. Para no despertar envidias políticas, y no aburrir al respetable con una retahíla de nombres, en el tendido estaba medio PSOE y medio PP. Y para garantizar la paz, en el cielo y la arena, Paco Vázquez, embajador de España ante la Santa Sede. Pañuelos. Tomando un refresco, paseando entre las localidades, estaba también el Follonero, que no paró de hacer fotos y firmar algún que otro autógrafo. Pero los que valen, los que mañana quizá se subasten en Internet, son los de José Tomás. ¡Qué de pañuelos blancos! ¡Qué memorable faena! Ah, pero... ¿No fuiste a ver a José Tomás?