Jordi Évole fue visto por última vez en Pontevedra. Al grito de ¡es el follonero! los transeúntes de la capital del Lérez saludaban a uno de los nuevos mitos audiovisuales, quizás el más temido por los famosos y el más seguido por los anónimos televidentes. Con la sonrisa anclada en los labios y con esa pizca de humor sin vértigo que lleva como tarjeta de visita, este catalán ya no puede salir a la calle sin ser uno de los centros de atención. Dice que lo lleva bien pero que es más reservado de lo que la gente puede pensar. «Una chupa, una cámara y un micro hacen mucho», asegura, tratando de explicar esa forma que tiene de irrumpir en los actos y en los temas más herméticos. Dice que los grandes líderes políticos son mucho mejores «en las distancias cortas». Además descubre que existe «una especie de pacto tácito entre los políticos y los reporteros graciosos, en el que ambas partes se dan juego». Presentador del espacio Salvados por... (La Sexta) una vez que fue catapultado por el programa de Buenafuente, revela que este tipo de espacios televisivos han calado «realmente hondo» en Galicia, «algo que refrendan las audiencias, que son mejores que cuando se emitía en Antena 3». Su primera acción en solitario fue en Ourense, así que tiene a Galicia en muy buena estima y asegura que se lleva algunas ideas anotadas en su libreta mental para próximas entregas. Por cierto, que adelantó ya que sus siguientes capítulos en Salvados por... dejarán de ser temáticos para convertirse en un espacio más versátil y más «cercano a la actualidad».
Por si alguien pudiese pensar que la relación que mantiene «el follonero» con Andreu Buenafuente es algo teledirigido por los guionistas, Jordi asegura que se lleva «realmente bien» con él. Es más, resuelve que «si no fuésemos tan amigos no me dejaría decirle todo lo que le digo». La relación profesional que les une en la alta dirección del late-night ha dado un giro cuando el elemento más subversivo del programa daba el salto para convertirse en presentador. Lo califica el protagonista como «marcharse a un pisito de soltero» y dado que las audiencias le sonríen y la cadena sigue apostando por él, lo entiende como que «por lo menos se puede ir pagando el alquiler de ese pisito».
La otra pequeña gran follonera de la ciudad en estos días es Carmen Boullosa Conde, segunda descendiente de nuestra compañera María Conde y primera niña de la familia. Con un peso de 3.350 gramos y con una talla de 51 centímetros, la benjamina quiso madrugar para hacerse la reina de todas las miradas. Alrededor de las siete y media de la mañana del día 29 del presente mes, la hermana pequeña de Jorgito ha dejado constancia de que tiene genio y hambre de comerse el mundo. Promete la recién nacida seguir creciendo, en todos los sentidos, para que los piropos que ya ha recibido en estas primeras horas de vida sigan teniendo vigencia. Pontevedra ya tiene una nueva perla de la que poder presumir.