«La Educación es mi religión, aprendí mucho de mis alumnos y les estoy muy agradecida»


Las tres grandes pasiones de Margariña Valderrama son su profesión, sus amigos y su familia. Es activa por naturaleza, vive acelerada y tiene fama de organizadora y conseguidora.

«La Educación es mi religión y soy docente hasta en la cafetería», dice. Recién terminada la carrera dio clases particulares y recuerda que fue feliz en esa tarea. Era muy joven y sus alumnas tenían mucha confianza con ella.

Su primer trabajo en un centro fue en el Colegio Inmaculada de Marín. «Me llamó para ese trabajo Pilar Romaní, que había sido profesora mía». De allí pasó como interina al Instituto Salvador Moreno, también en Marín, hasta que la echaron. «Eran otros tiempos y los profesores entraban y salían por decisión unilateral del director».

Después pasó a ser profesora volante del Instituto Valle-Inclán de Pontevedra, para cubrir a cualquier profesor de Letras que faltara. Entró con Jesús García como director y al año siguiente ya lo fue Marcelino Giménez, «que me conocía de la Universidad y yo le adoraba», comenta.

Por medio montó la librería Xuntanza con su entonces marido, con Paco Gulías, Javier Yuste y María Victoria Moreno, entre otros. Un proyecto muy atractivo, pero que no funcionó, «porque las medias no son buenas ni para las piernas», dice.

Ya con las oposiciones aprobadas hizo su primer año de prácticas en el Instituto de A Xunqueira, con Ramón Regueira como director. Y tras concursar, obtuvo plaza en el Sánchez Cantón, donde fue directora cinco años y permaneció hasta el 2007, con dos paréntesis: los dos años y medio que estuvo en el gabinete de la Reforma Educativa con el Gobierno tripartito y otros tres años en los que puso en marcha un instituto nuevo en Meaño.

El año pasado se incorporó en comisión de servicios a la Inspección de Educación y le gusta su actual trabajo, pero echa mucho de menos el aula y los alumnos. «No sabes lo agradecida que estoy a todas las generaciones de alumnos que han pasado por mis clases, la cantidad de cosas que me han enseñado, lo que he aprendido de ellos y lo viva que me han hecho sentirme», enfatiza. Margariña desdramatiza la rebelión en las aulas, la violencia escolar y la crisis de autoridad de la que tanto se habla.

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«La Educación es mi religión, aprendí mucho de mis alumnos y les estoy muy agradecida»