Paseo lúdico-didáctico por el Gafos

Chelo Lago consuelo.lago@lavoz.es

PONTEVEDRA

Alrededor de un centenar de personas, miembros de la comunidad escolar del CEIP Campolongo, participaron ayer en una actividad lúdico educativa consistente en un paseo por el tramo urbano del río Gafos, convertido en aula de naturaleza y espacio de juegos. La comitiva partió del colegio tras unas palabras del director, José Carlos Otero, que invitó a los niños y mayores a ser respetuosos con los animales del río. Los asistentes salieron por la parte posterior del centro, por el paseo encima del Gafos. Allí, el técnico forestal, Miguel García, abogó porque se descubriera el cauce y que se hiciera un verdadero parque. «En cualquier otro país -añadió- estaría descubierto y habría un paseo precioso». El director animó a debatir sobre la conveniencia de descubrir el río o no, y poco después, uno de sus alumnos, Miguel Rodríguez de Jesús Torres, abogó porque continuara como está «para que los niños podamos jugar».

Miguel García dio una pequeña charla sobre la flora y la fauna del Gafos, destacando el carballo que se encuentra hacia Fernández Ladreda, que no se explica como aguantó tanto en plena ciudad, y los ameneiros y los saúcos, cuyas flores comen los vegetarianos. Habló de las acacias existentes y destacó que son especies exóticas que no se deben introducir porque perjudican a los árboles autóctonos. También dijo que en ese tramo del río están catalogadas 65 especies de aves, entre ellas cuatro de rapaces -halcón peregrino, azor, gavilán y miñato-. Destacó la presencia de dos especies exóticas de pájaros que no debieran poblar esa zona, como son la cotorra de kramer y la cotorrita argentina. «Esos animales -dijo- se compran como mascotas, luego algunas se escapan o las sueltan, y se adaptaron al medio, pero no deberían estar aquí, es una imprudencia del ser humano, porque no se sabe cómo influyen en la fauna autóctona, aunque seguro que negativamente». También habló de las nutrias encontradas río arriba, y de que él mismo avistó una hace ya unos ocho años, y de las truchas y reos de las aguas, que indican su calidad.

El técnico forestal explicó que los árboles de las orillas de los ríos forman una «serpiente verde», y subrayó la importancia de su conservación para conservar también el propio río. Luego destacó el impacto visual de los desagües de pluviales que caen al río, si bien no serían perjudiciales. También indicó que los carteles de vedado de pesca se deben a que hace unos años, hubo unos vertidos río arriba que provocaron la mortandad de peces, lo que hizo que las autoridades decretaran la prohibición de la pesca para recuperar la fauna. Toponimia. Varios miembros de Vaipolorío estuvieron también en este paseo, como Antonio Vázquez, Xosé Manuel Feijoo y Rosalía Rodríguez. Precisamente fue ésta la encargada de hablar de la toponimia y de los restos de las construcciones tradicionales que aún se pueden contemplar, como los molinos do Meco -con un edificio prácticamente encima-, el de Meneso o Divina y el do Coto, prácticamente tapado por la maleza, con la casa del molinero al lado. También habló de la fuente do Gorgullón o de los Pasales, porque en su día, había un paso de piedra para cruzar el río.

Un viandante que no estaba en la visita guiada, cogió el megáfono para decir con enfado, que el paseo se había hecho porque un ex alcalde «Rivas, se había apropiado de terrenos de particulares». Tras esa intempestiva intervención, el paseo siguió por su cauce y Félix García Pintos, ex profesor del CEIP Campolongo, indicó que, como vecino del río, daba fe de que antes, cada 15 o 20 años, se producían grandes inundaciones que provocaban que el agua llegase al primer piso de su casa. También contó otra anécdota, protagonizada por un indigente que vivía con su pareja al lado del antiguo puente romano, frente al Albergue de Peregrinos. «Una noche -dijo- la compañera vino a avisarme gritando que se había caído al río. Como pude me vestí a toda prisa y con una linterna, fui a buscarlo, pero no se veía nada. Al parecer, venía algo mareado y siguió recto, cayendo al río. De repente, vi una mano agarrada a un ameneiro, pero nada más. Tuvimos que pedir más ayuda para sacarlo, porque el cuerpo lo llevaba la corriente, solo estaba agarrado por la mano. Cuando lo sacamos, estaba inconsciente y pensé que se moriría. Vino la ambulancia y gracias a Dios, todavía sigue vivo. Se llama Suso y vive en Poio».

Para rematar, nada mejor que unos juegos. Isabel Naveiro, Teresa Vilas, Marina Sobral y Jorge Lastra, monitores de la escuela de tiempo libre Dajalca, fueron los encargados de dirigir esos juegos, en los que participaron los niños y los adultos, que compitieron amigable y ruidosamente en el prado del molino do Coto.