«Esto no es vida, pero es el único sitio del que no nos echan»

La Voz

PONTEVEDRA

María Jesús va vestida de negro. Termina de lavar los platos de la cocina. Tienen agua gracias a un pozo que su marido, Abilio, gitano portugués, hizo con sus propios medios. De menú hay patatas con costillas. Sale de chabola de metal que les sirve de comedor y cocina.

Mira a su alrededor. Una caravana y un camión destartalado les sirven de dormitorio. «Esto no es vida, pero es el único sitio del que no nos echan». Abilio y María Jesús llegaron al asentamiento del albergue de Peregrinos hace cinco años. Montaron su casa delante de las otras dos chabolas. Ahora, aún más adelante, en el arcén de la calle, hay otra caravana; la de su hija.

Al fondo del asentamiento, junto a las otras chabolas, se acumulan toneladas de chatarra. Dos perros guardan la mercancía. «Aquí roban todo el rato -comenta Abilio Martín-. No se puede dejar esto solo. Una vez compramos una tele en el Continente y esa misma noche nos la robaron»; un duro golpe para unas personas que tan solo basan su calidad de vida en el tamaño de una pantalla.

Las casas están junto a un riachuelo donde abundan las ratas. «Compramos el veneno del anuncio», explica el padre de familia. Su hijo, Pedro, tiene tan solo catorce años. Nació en una chabola, al igual que sus hermanos mayores. Aún estudia, pero debe ayudar cada día a su padre en la recolección de cartón y chatarra. Les pagan menos de cuatro céntimos por kilo.

Abilio sabe que tarde o temprano les echaran, y se pregunta por qué ellos no pueden optar a una vivienda como los gitanos de O Vao. Compraron un terreno, pero los vecinos de la zona les expulsaron. Pagaron 4.000 euros por él.

María Jesús opina sobre los realojos de Monte Porreiro. «Lo que están haciendo con nosotros es una pasada. Yo pienso que sí hay racismo en Pontevedra, aunque no pongo la mano en el fuego por los del Vao porque no les conozco».

«Piensan que somos todos iguales -continúa-. Siempre están con lo mismo, ¡Ya vienen los gitanos! Somos gente igual que ellos. Andamos a la chatarra, pero eso es trabajo igual que el suyo, ganamos el dinero con el sudor de nuestra frente. Lo importante es no robar». Antes de concluir, mira a su alrededor: «La vida del pobre siempre está arrastrada».