Alivio, alegría limitada y «missing» popular

M. E. / A. C. / L. P.

PONTEVEDRA

En el BNG se temió lo peor al ver el batacazo de Esquerra, en el PSOE se fue de más a menos y los dirigentes populares solo se dejaron ver cuando Mariano dijo «adiós»

11 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Dice el refrán que, cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar. Y algo así sucedió en el BNG pontevedrés en la madrugada electoral. Bajaba la Esquerra, había un descenso en Pontevedra y en la calle Marquesa llegó a temerse lo peor: la pérdida del escaño. Pero, a medida que iban llegando datos, los nacionalistas empezaron a respirar aliviados. Muchos concellos del interior daban un 10 o un 12% de votos al BNG y el escaño de Olaia Fernández Davila, pese a todo, estaba salvado. Lores y Anxos Riveiro pudieron al fin salir a hablar del «marcado bipartidismo» que chupa el 84% de los votos, y el personal pudo dar cuenta de unos pinchos en el bar Rotier. El nacionalismo gallego seguía a flote, eso sí, entre lamentaciones por lo sucedido.

En el Galicia Palace, la empresa de la noche electoral podría denominarse Alegría, Sociedad Limitada. Durante los primeros minutos, simpatizantes y militantes socialistas buscaron ávidamente en las pantallas un resultado que les diera la mayoría absoluta. Eran momentos en que aún se daba 172 escaños al PSOE. Ahí llegaron los primeros aplausos. Luego, la cosa se fue desinflando conforme iba bajando el número de diputados y, sobre todo, tras los datos dados por José Blanco. Y, antes de la retirada, se premió la recuperación final hasta los 169. Pinchos y agua mineral ayudaron a llevar la espera.

Por su parte, si hasta la sede local del Partido Popular se acercaron varias decenas de seguidores y algún que otro político, como Telmo Martín, los periodistas se citaron en la provincial. En su segunda planta, Ana Pastor, Rafael Louzán y Teresa Pedrosa, entre otros dirigentes populares, siguieron el escrutinio y esperaron a que Mariano Rajoy dijera su lacónico «adiós» para atender a los medios de comunicación. Es un decir, ya que el único que realizó una valoración fue el presidente de la Diputación, mientras que Pastor optó por dar la callada por respuesta.